Presentación “Ramiro de Maeztu” de Josep Alsina (Y III)


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En un principio Maeztu veía a Primo de Rivera como la encarnación de los ideales regeneracionistas, opinión compartida por Ortega y Gasset y otros intelectuales liberales vinculados al diario El Sol. En este momento consideraba que la Dictadura debía ser una etapa transitoria de la vida política española, y que su misión era la regeneración política y, sobretodo, social de España, en base a su modelo de “capitalismo católico”. Maeztu teoriza sobre la salida de la Dictadura, con la constitución de dos grandes partidos: uno de inspiración católica y otro socialista pero no marxista. Sin saberlo estaba escribiendo el guion de la Transición española.

A la largo de este periodo el pensamiento de Maeztu vuelve a sufrir una importante mutación, que lo aproxima a un pensamiento contrarrevolucionario mucho más clásico, al estilo de Donoso Cortes. La Revolución Rusa y la posterior toma de poder por los bolcheviques han impactado profundamente a Maeztu. La Revolución ya no es algo del pasado, ni el humanismo renacentista ni la “herejía alemana” de Kant y Hegel, sino que se convierte en un peligro actual, presente y amenazante. Cada vez más en la línea de Donoso Cortes Maeztu interpreta la revolución bolchevique como la conclusión de un largo proceso, iniciado en el Renacimiento.

Ya no caben componendas, ni “socialismo gremiales”, ni utilizar el miedo a la revolución para conseguir reformas sociales, en la línea liberal-socialista de Ortega. Hay que oponer un dique a la Revolución triunfante, y este dique debe ser el Ejército coronado por la Monarquía. Pero a este Ejército de la contrarrevolución hay que darle una ideología y, sobretodo una mística. La idea de Hispanidad y de Catolicidad universal van a proporcionar esta mística, y a la forja de esta tarea va a dedicar Maeztu sus últimos años, desde las páginas de la revista Acción Española, y a la agitación política en las filas del partido monárquico-alfonsino Renovación Española.

La caída de Primo de Rivera y la posterior proclamación de la II República son vistas por Maeztu como etapas de la acción revolucionaria. Nunca consideró a la República como un campo político en el que actuar, sino como un enemigo a abatir. La actitud sectaria de la mayoría de los dirigentes republicanos reforzó esta idea. Maeztu rechazó des del principio la estrategia posibilista de la CEDA y de Gil Robles, que pretendía alcanzar una mayoría parlamentaría para forzar la reforma de la Constitución. Ello le llevó a Renovación Española, partido monárquico Alfonsino que había abandonado el liberalismo y había iniciado una importante aproximación doctrinal al tradicionalismo carlista. Para este partido no tenía sentido político actuar en el marco de la República, sino que había que trabajar para destruirla.

Los acontecimientos dieron la razón a Maeztu y a sus amigos. Cuando Gil Robles consiguió una mayoría parlamentaria, el presidente de la República, Aniceto Alcalá Zamora, se negó a encargarle la formación de gobierno, y recurrió al Partido Radical de Lerroux. Cuando posteriormente tres ministros de la CEDA entraron en el gobierno, los socialistas, los comunistas y los nacionalistas catalanes se levantaron en armas contra la República, siendo necesaria la intervención del Ejército en Asturias para someter a los sublevados.

Después de la derrota de la sublevación de octubre de 1934, Maeztu y sus amigos creían que había llegado el momento de la “contrarrevolución”, es decir, del golpe de estado que pusiera fin a la República. Pero Gil Robles siguió empeñado en actuar dentro del marco legal republicano, y convocó elecciones, que dieron la victoria al Frente Popular.

Socialistas, comunistas y otros partidos menores fueron a las elecciones bajo la provocadora consigna “somos los de octubre”, es decir, reivindicando su alzamiento armado contra la Republica que decían defender. A partir de aquí todo se aceleró. El asesinato de Calvo Sotelo, dirigente del Bloque Nacional y uno de los jefes de la oposición, en manos de agentes del gobierno (guardias de asalto y guardias civiles) fue la espoleta que desencadenó a sublevación militar que ya llevaba tiempo preparándose.

Es un auténtico misterio el hecho de que nadie avisara a Maeztu de la inminencia de la sublevación. Otros colaboradores de Acción Española, como Pedro Sainz Rodríguez, que sería ministro de educación en el primer gobierno de Franco, fueron alertados y huyeron hacia Salamanca. Maeztu se refugió en casa de su amigo Vázquez Dodero, donde fue detenido por una patrulla anarquista. Ingresado en la cárcel, fue víctima de una de las muchas “sacas” protagonizadas por milicianos presuntamente “incontrolados”.

La obra de Maeztu tuvo sus continuadores en el equipo de intelectuales monárquicos e integristas que se agrupó en torno a la revista Arbor, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Editorial Biblioteca del Pensamiento Actual, continuando la línea de Acción Española. Destacaron Rafael Calvo Serer y Florentino Perez Embit. Posteriormente evolucionaron a posiciones más o menos liberales, pero también en la línea de un Maeztu anterior, el que pedía la formación de dos grandes partidos, uno de centro y otro socialista. Estas ideas serian recogidas por la Unión de Centro Democrático y la ideología de la Transición.

No puede entenderse al siglo XX español sin conocer a Maeztu.

maeztutumba

Profanación del monumento a los mártires del cementerio de Aravaca



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2 respuestas

  1. Ramiro de Maeztu es un pensador muy interesante por su experiencia vital, sus vivencias en Inglaterra -y el estudio allí de una posible filosofía económico -social para España, y su paso al tradicionalismo católico e hispanista (¿panhispanista?). Pero todo ésto al margen de modas.

    El error de este hombre fue sus tendencias “regeneracionistas”.

    Es decir, a la preocupación lógica y normal de la época del porqué España, después de haber sido una potencia mundial, ahora había perdido las últimas colonias y era un país atrasado,

    da malas soluciones (como todos los regeneracionistas). Son estas “soluciones” las que socavan la monarquía parlamentaria, traen 2 repúblicas que acaban muy mal, introducen el “liberalismo” y la desamortización, pero que acaban rompiendo el país entre carlistas (con 3 guerras civiles) y que a la postre acabarán evolucionando en los partidos catalanistas y vasquistas que todos conocemos. La desamortización corta en seco la emergente industrialización y nos atrasa aun más. La guerra civil es el corolario de esta comedia de equivocaciones.

    Este error, junto con el mito de la “educación” , la culpabilización de la Iglesia Católica como causante del atraso (???) y el de buscar todo “un sistema económico-político-social” – (es natural porque se trata de oponerse a los fascismos y comunismos)…son los que seguimos teniendo (véase toda la tontería que nos hemos tragado desde el triunfo de PODEMOS en las elecciones europeas pasadas hasta ahora.

    Pero nadie hace lo que le ha servido a Holanda, Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos…prosperar y ser unas naciones avanzadas, poderosas. y orgullosas de sí mismas.

    Tal vez alguien habrá pensado que su error era el ser “tradicionalista” y católico.

    La experiencia de más de 30 años de “democracia” nos tendría que haber enseñado que la “democracia” (lo que los políticos e ideólogos quieren que creamos), no existe ni puede existir.

    Menos todavía en países agrícolas y subdesarrollados (véase el desastre de las “primaveras árabes ).

    Respecto al catolicismo, además de ser la religión que ha dado forma al país, tiene tanta influencia del estoicismo, que casi podríamos decir que es la filosofía estoica elevada a religión (con todos los pros y contras que eso tiene). (las terapias conductistas son el estoicismo utilizado como terapia )

    Y para el que todavía vaya a piñón fijo con la ideología masónica,el origen del capitalismo (ie: la manufactura, que luego evolucionará a industrialismo ) está precisamente en Estados católicos: Holanda, Bélgica, Inglaterra,Venecia y Florencia.

    (En los países protestantes también había censura, y también había un control muy rígido de la ortodoxia. No existía el libre pensamiento tal y como lo conocemos hoy, ni el “librepensamiento” tiene nada que ver con el progreso económico -y por tanto social-)

    Ramiro de Maeztu, sí se dio cuenta de a donde iba todo a parar.

    Cuando el socialista Indalecio Prieto dio la orden de asesinar a Calvo Sotelo (que había sido amenazado de muerte en el Congreso y en la prensa socialista), la suerte estaba echada.
    Para él y para España.

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  1. Anónimo

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