El catalanismo radical y el nazismo (y V)


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Josep Mª Batista i Roca amb mossèn Batlle, cura catalanista

 

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Batista i Roca, fundador de Palestra

Evidentemente, los catalanistas radicales se equivocaban en varios de sus planteamientos «estratégicos» y en sus previsiones: entre ellas, en algo tan sencillo como que la baza más segura para los intereses de las potencias fascistas a la altura de 1936 era sin duda la única con reales posibilidades, el fascismo español (al que de modo ininterrumpido se le venía apoyando desde sus orígenes), y en general la opción anti-revolucionaria española. Sólo subsidiariamente, «por lo que pudiera ocurrir», podría la diplomacia nazi jugar la carta de los separatistas catalanes, por lo demás lejos de ser un aliado fiable en el interior de Cataluña: el interlocutor preferido para la diplomacia alemana había sido y en cierto modo seguía siendo la Lliga de Cambó y Estelrich.

Como sus coetáneos irlandeses del IRA, que también cultivaron las relaciones con los nazis por esos años, los separatistas catalanes se sobrevaloraban a sí mismos. Y la península ibérica ocupaba un lugar muy secundario en la estrategia exterior del III Reich antes de julio de 1936, adquiriendo sólo una importancia mayor por el temor alemán de una alianza franco-española en el Oeste en concordancia ideológica con la Unión Soviética al Este (Vid. A. VIÑAS, La Alemania nazi y el18 de julio. Madrid: Alianza Editorial, 1977).

La posición de las potencias fascistas sobre la cuestión catalana se definió en poco tiempo: en las conversaciones italo-germánicas tras el estallido del conflicto español, punto de acuerdo común fue el impedir la constitución de un Estado catalán. Y en lo que respecta a las consideraciones geopolíticas, los alemanes no estaban tan convencidos ni de la fidelidad catalana al Reich ni de poder contar con una Cataluña independiente: se consideraba en algunos círculos, por el contrario, que una eventual Grosskatalonien que incluyese Baleares y Valencia, unida por vías férreas a Francia, permitiría una más efectiva penetración francesa hacia Gibraltar.

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Rafael Patxot i Jubert, mecenas nacionalista, y anticomunista.

Iniciada la guerra civil, con todo, los separatistas catalanes no cejarán en sus tentativas: hacia Italia, por parte de algunos representantes del ala nacionalista de la ERC, buscando el apoyo italiano a una virtual Cataluña independiente y antimarxista (Vid. S. G. PAYNE, The Franco Regime, 1936-1975, Madison: Univ. of Wisconsin Press, 1987, p. 63). Hacia el ámbito alemán también hubo algunos tanteos indirectos: así, en el XII Congreso de Nacionalidades Europeas celebrado en Ginebra en septiembre de 1936, representantes vinculados al nacionalismo radical, encabezados por Batista i Roca (aliado de otros «independientes», como el «mecenas» R. Patxot i Jubert), muestran su desvinculación de la España «roja» (marcando distancias además con la Generalitat y con la situación de facto en Cataluña, controlada por la CNT) y de la España franquista: Batista i Roca se entrevista con Hasselblatt para que éste sirva de interlocutor ante Alemania, exponiéndole además que a partir de Palestra y el sector Estat Català de la ERC existían tendencias fascistas, sobre las que se podría contar con la gestación de un fascismo catalán que no quería verse confundido con el fascismo español; con todo, dejaba la independencia por una «federación ibérica».

Hasselblatt incluso intentó una suerte de mediación personal ante el Gobierno franquista a través del general Faupel (primer representante del III Reich ante los sublevados), con un visto bueno reticente de la diplomacia alemana (que dejaba bien claro en sus instrucciones que no era favorable «en el estado actual de la situación, a activar la cuestión catalana en ninguna dirección» (Circular del uswlirtiges Amt a la Legación alemana ante el Cuartel General Franquista en Salamanca, Berlín, 21.1.1937. PAAA, Minderheitenkongresse, R 60533). Hasselblatt presentaba las promesas de Batista i Roca sobre un posible desarrollo de un fascismo catalán, así como que precisamente la intransigencia en tiempos pasados de Denikin con los pueblos no-rusos motivó su derrota frente a los bolcheviques. Por ello le sugería -recordando además la trayectoria «fiel» y antimarxista de los catalanistas en su participación en el Nationalitiitenbewegung- que Franco prometiese respetar la «especificidad étnica y los correspondientes derechos propios» de los catalanes, para así poderse ganar el apoyo de amplios sectores catalanistas antimarxistas.

El Congreso de Nacionalidades Europeas había recomendado a los delegados catalanes que formasen una representación nacionalista y anti-marxista en el exterior para desde ella ponerse en contacto directo con el gobierno franquista. No sabemos si tal gestión se llevó a sus últimas consecuencias; en todo caso, está claro el resultado final obtenido de esos juegos con el fascismo por parte de los catalanistas radicales. Otros sectores del catalanismo que habían coqueteado con las potencias fascistas en los años anteriores, como la Lliga de Cambó, optaron por la colaboración con Franco.

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