El catalanismo radical y el nazismo (III)


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El memorándum de mayo de 1936 es el documento -de presumible autoría de Manuel Blasi y/o Baldomer Palazón, máximos representantes del «pro-fascismo» en Nosaltres Sols!, contra la línea democrática y antifascista encamada por Daniel Cardona consta de dos partes: una correspondiente al primer proyecto, datado en Hamburgo en julio de 1935, y una «addenda» fechada en Barcelona a 19 de marzo de 1936. Redactado en castellano, comienza con la explicitación de que se trata de un «proyecto de organización relativo a intercambio económico-cultural entre Cataluña y Alemania, sometido a su consideración», que no es más que «un aspecto del proyecto total de actuación patriótica».

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Daniel Cardona, representante anti fascista de Nosaltres Sols!

Continúa con una fundamentación histórico-política del «problema catalán», haciendo hincapié en todo lo que sonase a germanófilo (p.e., destaca que en una de las cláusulas del Tratado de Utrecht, austro-alemanes, ingleses y holandeses adquirieron el compromiso de «garantizar la independencia de Cataluña en atención a su fidelidad a los Soberanos de la Casa de Austria»). Sigue con los orígenes del catalanismo político y cultural en el siglo XIX, concluyendo que ninguna de las soluciones ensayadas hasta entonces para resolver el problema catalán había sido acertada, en cuanto éste sería «una cuestión de soberanía», lo que, al no ser aceptado por España, motiva que «el pleito de Cataluña no ofrece posibilidades de solución jurídica y pacífica».

Desacredita naturalmente a Macià y a la ERC (al primero por «traidor» y a la segunda por «conglomerado improvisado, formado con elementos de dudoso patriotismo»). Dado que la política en Cataluña se convirtió en una pugna derechas/izquierdas, continúa, Octubre de 1934 se presentó como el momento propicio para «realizar una política totalitaria y con la opinión dispuesta para apoyarla», encarnada por las iniciativas del sector nacionalista de la ERC y Dencás, neutralizadas por Companys. Desde entonces, éste se habría aliado con la izquierda española, y, lo que sería peor, habría iniciado «el ataque sistemático a las ideas fascistas y con especial encono combate el fascismo alemán», lo que también explica en función de la amistad entre dirigentes de la ERC y «hombres públicos franceses miembros de la masonería», como Henry Torres. Descalifica también a la Lliga por españolista y por defender los intereses capitalistas.

En consecuencia, presenta al separatismo radical, representado «por nuestra organización patriótica «N.S.», como una corriente en auge con especial predicamento entre «las promociones de juventudes de 14 a 25 años», y que en razón de la intransigencia del Estado español y del estudio de los problemas nacionalitarios del mundo, «ha adoptado la forma revolucionaria y la única táctica que puede conducirnos a que triunfe la justicia de nuestra causa».

cardona2De seguido, descalifica a los partidos políticos españoles de la República, en cuanto no fueron ni serían revolucionarios (citando para ello un discurso de Hitler de 1923 sobre la «naturaleza de las revoluciones»…), sordos ante los problemas nacionales de Euskadi, Cataluña y Galicia (considerada ésta como “parte separada de Portugal, con la que constituye la nación lusitana”) y, sobre todo, francófilos: el sistema de partidos políticos republicano sería un calco del francés. Pro-franceses serían los radicales, la CEDA, Azaña, y los partidos de la oposición, todos ellos favorables a las directrices francesas en política exterior, mientras la izquierda y los sindicatos (exceptuando a la S.O.V.) aprovechan el “manto”) antifascista para hacer propaganda a favor de la U.R.S.S. Por ello destaca que los separatistas catalanes no se adhirieran al frente antifascista constituido en Cataluña. Continúa denunciando a la prensa y medios de opinión financiados, según ellos, por Francia: desde la prensa radical a La Publicitat…

La coincidencia de España y Francia se debería, según los autores del memorándum, a que ambos Estados tienen en común las cuestiones nacionales vasca y catalana, además de Marruecos. Cuestiones estratégicas explicarían también esa coincidencia, en especial el “Problema del Mediterráneo Occidental”: la entente hispano-francesa permitiría el control de éste, mientras «la aparición de una Cataluña libre, que rompiera esta continuidad, significaría el peligro de una actuación en el Mediterráneo de alguna potencia alejada de él, sobre todo a base de una actuación submarina», a lo que se sumaría una eventual pérdida de Baleares, que aislaría a Francia de África.

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