Don Miguel Biada y Buñol. El catalán que hizo posible el primer ferrocarril de la península Ibérica


Vicente Durá

Miguel Biada y Buñol, nacido en Mataró, en 1789. Fue un marino mercante,
empresario, y principal promotor del Ferrocarril Barcelona-Mataró (1848). El
primer ferrocarril de toda la península Ibérica, aunque en Cuba se había
inaugurado otro anterior en 1837.

Fue el pequeño de trece hermanos. Su padre, Juan Bautista Viada, de oficio
constructor, un inmigrante oriundo de Brive-la-Gaillarde (Francia). Su madre fue
Teresa Bunyol. Estudió en la Escuela Pía de Santa Ana de Mataró y se graduó en
la Escuela de Pilotos de Arenys de Mar. Miguel, por causas desconocidas, firmó
siempre como “Biada”.

Miguel Biada, de joven, se lanzó a la aventura americana, primero navegando y
luego estableciéndose en Maracaibo (Venezuela). En 1810, con España en plena
guerra contra Napoleón, ya estaba afincado como comerciante en esta ciudad.
En 1815, contrae matrimonio en Mataró con Teresa Prats.

En la larga revolución venezolana, para emanciparse de España, Miguel Biada
estuvo al servicio de las autoridades españolas. En 1810, nombrado capitán de
una goleta armada de guerra. Hasta 1820 formó parte de la milicia denominada
“Voluntarios distinguidos de Fernando VII”, establecida en Maracaibo. En 1821
fue apresado por los insurrectos y enviado al exilio, prácticamente arruinado,
como hicieron tantos otros españoles que no habían secundado la rebelión.

Se marchó a Cuba, en donde se hallaban establecidos dos de sus hermanos. La
economía de Cuba, básicamente agrícola —azúcar, café, tabaco—, requería la
importación de productos alimenticios, vestidos, maquinaria, y al propio tiempo
necesitaba financiación y transporte, que constituían la base del negocio del
comerciante cubano. El mataronés acabó por afianzarse en La Habana, en esta compleja actividad mercantil, bajo la firma de Biada & Cía. Por desgracia, en 1833, murió su esposa y dos de sus hijos, a causa de una epidemia de cólera.

Biada, formó parte de una junta o comisión constituida en 1833, para la
construcción de una línea de ferrocarril entre La Habana y Güines. Allí había una
gran área productora de azúcar. El primer tramo de esta línea, hasta Bejucal, se
inauguró en 1837, y se tiene como el primer ferrocarril de Hispanoamérica y de
España.

Por otro lado, cabe mencionar que el Ayuntamiento de Mataró acordó en 1837
agradecer a Biada su contribución en recaudar fondos en la isla con destino a las
familias de los guardias nacionales de la ciudad, muertos en acción de guerra
contra los carlistas.

En 1840, Biada abandonó Cuba, dejando a su hijo Miguel al frente de su casa
comercial. En estos momentos, el mataronés acababa de ser armado caballero
de la “Real Orden Americana de Isabel la Católica” (29 de abril de 1840), gracia
que le había concedido Isabel II el año anterior, en recompensa por los servicios
prestados en Venezuela.

Su regreso a España coincide con el final de la primera guerra Carlista (1833-
1840), la renuncia de la regente María Cristina (1840) y la regencia de Baldomero
Espartero (1841- 1843).

En el campo económico, se inicia en Cataluña el despliegue de la manufactura
textil y de la energía obtenida del vapor.

Biada resulta un ejemplo más de la repatriación de capitales hacia la metrópoli,
como hicieran otros tantos “indianos” llegados a su tierra.
Se estableció en Barcelona, invirtió en unas minas en las provincias de Murcia y
Almería, y aportó una mina de su propiedad a la sociedad Iluro, fundada en
Mataró para la explotación mancomunada de unas minas en el norte del
Principado (1843). También, instaló una hilatura de algodón accionada por la
fuerza del vapor en Mataró.

Sobre la cuestión de los esclavos en la isla de Cuba, Biada se mostró partidario
de mantener las relaciones esclavistas en Cuba, al considerar imposible cultivar
el territorio entre los trópicos con otros brazos que los africanos o sus
descendientes. También consta en su testamento la propiedad de varios
esclavos.

Pero lo que le ha dado mayor notoriedad a Miguel Biada, ha sido su destacadaparticipación en la empresa de la construcción del ferrocarril de Barcelona a Mataró (1848), toda una novedad en la época.

Desde 1829, el Gobierno español llevaba otorgadas varias concesiones para el
establecimiento de líneas ferroviarias, pero ninguna había llegado a buen
término, al no hallar la suficiente financiación. Con su experiencia en el ferrocarril
de La Habana, Biada se fue a Inglaterra a buscar capital para el proyecto. Los
ingleses suscribieron el cincuenta por ciento del capital social. Obtuvo del
Gobierno español la concesión de la línea, el 23 de agosto de 1843.

Al año siguiente quedaba constituida la sociedad del ferrocarril con un capital de
veinte millones de reales de vellón, divididos en diez mil acciones de dos mil
reales cada una, bajo el título de “Gran Compañía Española del Camino de Hierro
de Barcelona a Mataró y viceversa” (6 de mayo de 1845).

Tras muchas dificultades, el ferrocarril entre Barcelona y Mataró fue inaugurado
el 28 de octubre de 1848, pero Miguel Biada no pudo llegar a ver la finalización
de su proyecto, por haber fallecido en Mataró, el 2 de abril de 1847.

Actualmente, su retrato figura en la galería de catalanes ilustres, que está en la
Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona (1915), y en el Ayuntamiento
de Mataró (1923). En esta ciudad tiene, además, erigido un monumento a su
memoria (1948).

Vicente Durá (delegado de DENAES en Barcelona)



Categorías:CATALANS HISPANS

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