Axel Seib

Tengo que escribir un artículo corto como desahogo. La situación política y social en España degenera a tal velocidad que quiero dejar constancia de mis pensamientos más profundos. Pero como no es cortés mentar genealogías y oficios, voy a intentar suavizar la formas.
Pero, por mucho que se diga, todo el tufo siempre conduce a la Moncloa.
Lo que me sorprende de Pedro Sánchez es que pase lo que pase, cae de pie. Ya podría acontecer el Apocalipsis y él seguir cómodamente comiendo jabugo en el Falcon. Aunque no sé si se trata de caer de pie o de que es completamente indolente. Le puede caer un tortazo y seguir con una sonrisa chulesca de «¿y qué?». Es tan indiferente a todo lo que sucede a su alrededor que, lamento que suene a piropo, pero es algo sobrehumano. Yo no he visto jamás a alguien con esa actitud permanente. No me extraña la supuesta afirmación de un ministro de su gobierno de «nos suda la polla». Se ha cambiado la socialdemocracia tibia por el sudapollismo radical.
Solamente hay en España un grupo aún más indiferente al hedor nauseabundo que proviene de las instituciones del Estado. Y ese es el votante sanchista. Únicamente él es más resistente al pestazo que el propio Pedro Sánchez. Y Pedro Sánchez resiste porque tiene mucho que perder. Pero el votante promedio del Partido de Pedro mete bien la cabeza en la cloaca, inhala con fuerza, saca la cabeza y profiere un pestilente «los otros serían peores». Y acto seguido, vuelve a meter la cabeza para deleitarse. A lo mejor la siguiente bocanada viene con premio.
Vivimos en una enorme distopía mezcla de ópera bufa y camarote de los hermanos Marx con menas y perspectiva de género. Ya me parece absurdo que una señora llamada «la fontanera» haga una rueda de prensa tras descubrirse el pastel de sus chanchullos para el Partido de Pedro. Al aparecer Aldama como espontáneo, con placaje de otro supuesto salpicado por la roña la espantada de la fontanera, yo ya esperaba un enano en monociclo y un payaso con una tarta.
En eso se ha convertido la política española. Eso es el estado que toma nuestro nombre y nos vende que «nos sirve». Una enorme red de cloacas llenas de seres que parecen salidos del añejo «Crónicas Marcianas». Y lo digo con todos mis respetos por el susodicho programa.
Y encima la tal Leire revela su número de móvil en la rueda de prensa y se filtra. No sé qué será peor para ella. Si todos los insultos, llamadas y amenazas que le pueden llegar o que la metan en un grupo de WhatsApp de padres y madres. O que le llame alguien para informarle de cuánto vale su coche.
Aunque reconozco que la tal Leire no es un personaje tan ridículo. Algún talento tendrá para haber acabado en un puesto de relevancia en Correos tras hacer una llamada. Yo no soy capaz de hablar por teléfono con gente de Correos para recuperar cartas y paquetes desaparecidos, pero la Charo de Portugalete tenía línea directa para obtener un puesto de trabajo. Ni el CNI encuentra un número de teléfono de Correos, pero lo consigue ella. Es el
Snowden ibérico. Tan talentosa que estuvo en ENUSA, otra empresa pública, cuando el gobierno quiere acabar con las nucleares. Tal como si yo odiase a mi vecino pero me caso con él y me mudo a su casa. No sé si es de ser palurdo, psicópata o tener mucha cara. Así que contemplo todas las opciones.
Comienzo a plantearme que el apagón de Abril, sin explicación aún, no fue ni un accidente ni un experimento. Fue un ensayo. Estaban practicando la forma de bajar el telón de la forma más dañina y traumática posible. Y bajaron el telón sin querer. Pero la zarzuela continúa.
Yo recuerdo que hubieron momentos en que en España nos reíamos de que Italia tuviese a Berlusconi como presidente y que Cicciolona se presentase a las elecciones. Tienen que estar en Italia partiéndose de risa con la opereta que es España hoy en día. Una señora que todos hemos visto en algún organismo de la mujer de algún ayuntamiento, porque la tal Leire es un Charo de alta resolución, está desmembrando los hilos del estado. ¿Por bondad? No. Sencillamente es que hay dos cualidades que superan a la corrupción de quienes nos dirigen. Y son la arrogancia y la estupidez. Que en conjunto, son mortales. El problema es que lo suelen ser para los demás.
En conclusión, sigo esperando una comparecencia de Pedro Sánchez. La cabra y el casiotone ya están calientes.
No creo que tengamos nivel para que cante la gorda.
Buen artículo, mi aplauso.
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