Remenderos de basura ajena


Axel Seib

Me he levantado leyendo una noticia en que aparecía Úrsula Von der Leyen. Ya sabía que iba a ser un mal día. Quizás había otra pandemia y me tenía que quedar en casa. O ponerme un enema y gritar «Welcome refugees» para no ser encarcelado. Pero no, no era el caso. Aunque con esa señora, siempre es preferible el enema.

La cuestión es que la señora se ha cansado del kit de emergencia y los tambores de guerra. Y ha encontrado juguete nuevo. La ropa.

Lo sé, suena machista decir que el juguete de una señora curtidita y altiva es la ropa. Pero es que es su plan. Quiere acabar con la «moda rápida» y poner un pasaporte textil para poder controlar la trazabilidad de la ropa. Supongo que lo hará con una aplicación que te muestre dibujitos para entender el origen de la ropa. Porque cualquiera diría que jamás ha visto el «Made in Bangladesh» de las etiquetas. Debe ser que la ropa se la hace un sastre y desconoce el apasionante mundo de las etiquetas de la ropa. Te muestran material, lugar de confección e incluso temperatura de lavado. Pero no es suficiente. Hace falta un pasaporte y acabar con esa plaga de pobres comprando camisetas por encima de sus posibilidades. Y Úrsula va de cabeza a ello. Pero con buenas palabras. Que la plebe se ofende rápido. Fue quitarnos la condición de siervo y llamarnos ciudadanos y nos lo tenemos muy creído. Así que tiene que andar con eufemismos y palabras biensonantes. Pero tampoco oculta mucho la realidad.

La señora quiere el pasaporte textil, que todo esté hecho de materiales reciclados y, seguramente, dos huevos duros.

Una observación. Está muy bien querer tener ropa hecha con materiales reciclados. Aunque para que un material sea «reciclado», ha tenido que tener un primer uso. Y si se quiere impedir que haya otro tipo de textiles en el mercado, únicamente textiles reciclados, significa que la UE debe convertirse en el gran contenedor de ropa y textiles usados del mundo. Suena muy bien. Antes nos preocupaba que nuestros electrodomésticos viejos llegasen a África y lo contaminasen todo. Ahora Úrsula Von der Leyen quiere llenar Europa de harapos.

Claro, la intención es «acabar con la moda rápida». Un eufemismo que quiere decir «acabar con la ropa barata». Porque seamos claros, la moda solamente puede ser rápida si puede ser consumida a bajo coste. Así que todo lleva siempre al aumento de precios. ¿Y que significa un aumento de precios y de costes? Aparte de la reducción de consumo que pretenden. Pues si, la destrucción de la industria textil europea que queda. Porque si aumentamos los costes y la exigencias, que siempre son medidas más duras para los de casa, reducimos el margen de beneficio, tensamos la posibilidad de subir salarios a los nuestros y, provocamos una subida de precios que convierten los textiles europeos en objetos de lujo o de extinción.

¿Pero cómo tapan la posibilidad destrucción de la industria? Con alusiones a que el reciclaje produce puestos de trabajo. Y es por todos sabido que la selección de basura para su reciclaje genera mucho trabajo. No como la industria, que no es intensiva en mano de obra y no genera valor añadido.

Pero si eso se les plantease, tienen otro refuerzo para su plan de destrucción económica y social. Al acabar con las prendas de «moda rápida» y ofrecer moda «duradera», se necesitarán reparaciones. Ósease, crearán millones de puestos de trabajo de remenderos. Suena tan realista como positivo.

Aunque es verdad que de dicho modo haremos la moda más duradera. Reventando aún más la industria, poniendo pasaportes a la ropa, aumentando exigencias y subiendo precios, lo raro es que no nos vaya a durar más ropa y no comencemos a hacer uso de parches. Lo cual es una idea que se le ha escapado a Von der Leyen. Junto a los remenderos, podemos tener una industria de parches ecológicos para solucionar los agujeros. Por ejemplo, parches hechos con sus contratos censurados con las grandes farmacéuticas. O parches hechos con el látex ecológico de los preservativos que aconsejan utilizar para no tener hijos mientras ella tiene siete. Uno para cada día de la semana. O, mejor aún, parches hechos con la piel de los soldados que quiere mandar al frente por sus intereses en la industria bélica. Además, no habrá sufrimiento animal, sólo vidas de hombres europeos. Greta Thunberg lo apoyaría.

A veces creo que se han propuesto convertir Europa en un enorme vertedero. Pero luego gritan “extrema derecha” y ya se me pasa. Después del apagón y que me salgan con la tala de olivos para poner paneles solares en cada esquina, yo estaba suspicaz. Pero tienen poderosas razones. Yo veo a Von der Leyen y a Pedro Sánchez haciendo aspavientos mientras recitan el sempiterno “el que piense es facha” y me quedo mucho más tranquilo.

Lo del pasaporte textil, en mi opinión, es lo de menos. Nadie va a utilizar la trazabilidad de una prenda. La gente no mira la etiqueta para saber dónde está confeccionada una prenda, mucho menos va a utilizar una aplicación para saber más. Y todos sabemos que hecha la ley, hecha la trampa. La ropa vendrá de Bangladesh aún más cara pero con etiqueta «eco» y «poliéster hecho con sueños». El algodón nuevo es malo. No como el poliéster reciclado a 8000 km  de distancia, que le hace cosquillas al medio ambiente. El pasaporte no es control. Es un pretexto para subir el precio y hacer la vida imposible a los europeos honrados.

Esa es la Europa que quieren. No tengas hijos. No tengas casa. No tengas coche. No tengas perro. No tengas identidad. No comas carne. Come basura sintética. Pasa frío en invierno. Sufre porque en verano no habrá hielo. La sandía a precio de jabugo. Tu barrio degradado. La presión fiscal por las nubes. Los servicios colapsados. Las ayudas para otros. Vacúnate este año, que hay gripe de la rana. Quédate sin industria. Quédate sin trabajo. Cuidado, que viene la extrema derecha. Vístete con harapos caros. Ten un kit de emergencia. Los rusos disparan, ponte el sombrero de papel de plata y come sardinas. Tienes que estar listo para guerra. Ya no hay Zaras. Inditex ha comprado «Humana». Sonríe, estás salvando el mundo.

Cada vez más progre, cada vez más pobre.



Categorías:CULTURA, GLOBALIZACIÓN, OPINIÓN, TRIBUNA

2 respuestas

  1. Lo que están haciendo los políticos es quitarnos la libertad.

    Poco a poco, un trocito cada vez…hasta que de una manera o de otra estemos encarcelados -en nuestras propias casas incautadas por los políticos, es verdad-.

    De modo que «no tengamos nada y seamos felices» (comunismo clásico)

    La excusa es la ecología y la salud (y con el dinero la lucha contra el narcotráfico -en países donde el consumo de droga está permitido-.

    Pero ¿cómo es que estamos cayendo en esta trampa tan burda?

    Pues porque aquellos que por su oficio tienen que defendernos -los POLÍTICOS que votamos-, no lo hacen.

    Al final la farsa de la democracia se ha convertido en un arma de destrucción masiva contra el mismo Pueblo que legitima para gobernar en su nombre y por sus intereses.

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