Fernando III el Santo, gran rey de la Reconquista y azote del Islam


Rafael María Molina

Fernando III de Castilla y León, que reinó entre 1217 y 1252 fue un gran rey español medieval, cuyo reinado se caracterizó por la lucha implacable contra la presencia musulmana en España. Bajo su reinado el reino de Castilla reconquistó el centro y sur de España, incluyendo la mayor parte de Andalucía y Extremadura, dejando conseguida la mayor parte de la Reconquista, que culminarían más tarde los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.

Era hijo del rey Alfonso IX de León y de la segunda esposa de éste, Doña Berenguela de Castilla, hija a su vez de Alfonso VIII de Castilla y de Leonor Plantagenet. Doña Berenguela fue una reina de sólidas convicciones religiosas, que transmitió a su hijo.

Tras la muerte de su hermano Enrique, su madre Berenguela, una mujer muy decidida, consiguió proclamarlo rey de Castilla cuando tenía 16 años. Ello provocó el enfado del padre del joven rey, Alfonso IX de León, que quería apoderarse de Castilla e invadió el reino. Pero su madre y él se negaron a combatir contra Alfonso y consiguieron convencerle con negociaciones de que aceptara, por lo menos de hecho, a su hijo como rey de Castilla.

A la muerte de su padre, en 1230, Fernando se convirtió en rey también de León. Así terminó su trayectoria histórica el reino de León, heredero en su momento del de Asturias. El reino de León había jugado durante siglos un papel de liderazgo en la España cristiana como máximo representante de los ideales neogoticistas de reunificación de la España cristiana. De esta forma se unificaron definitivamente los reinos de Castilla y León.

Esto fue, a su vez, un gran paso hacia la futura unificación de España, en tiempos de los Reyes Católicos, pues el nuevo reino castellanoleonés situado en la zona central de España, emergía ya como el más poderoso de la Península y el núcleo de una futura unificación de la España cristiana. Fernando tenía un gran sentido de hispanismo como lo demuestra el hecho de que su primer ministro y cronista del reinado, el obispo navarro Rodrigo Jiménez de Rada denominará a Fernando III siempre “rey de España” e incluso se referirá a Castilla como “España”. Castilla y León será a partir de ese momento, el reino que más asumirá el ideal político neogótico de reunificación de España, aunque ese sentido de Hispanidad común también se halle presente en la Corona de Aragón y en Navarra.

Debido a ello Fernando nunca quiso combatir con otros reinos cristianos hispánicos y buscó siempre estrechar sus relaciones de alianza y parentesco con ellos. Por ello preparó el matrimonio de su hijo y heredero Alfonso con la princesa Violante o Yolanda de Aragón. Pactó con el rey Teobaldo de Navarra el enlace de su hijo, el futuro Alfonso X, con la hija y heredera del rey navarro, aunque finalmente no se llevara a cabo este matrimonio, que hubiera supuesto la unión del reino navarro a la corona de Castilla y un paso muy importante hacia la unidad de España. Mantuvo muy buenas relaciones también con su contemporáneo el gran rey de Aragón, Jaime I el Conquistador, quien incluso renunció a sus derechos sobre Murcia en favor de la Corona de Castilla.

En 1219 Fernando se había casado con la princesa alemana Beatriz de Suabia, muy culta, inteligente y bella, según las crónicas, que transmitió a su marido y a su reino el amor por la cultura. El estilo arquitectónico gótico penetró profundamente en Castilla en esta época, debido en parte a la influencia de la reina. Fernando y Beatriz mandaron edificar las catedrales de Burgos y León. Fernando estableció el castellano como idioma oficial de sus reinos, al mismo nivel que el latín. A la muerte de la reina, Beatriz Fernando casó con la princesa francesa Juana de Ponthieu, en 1237.

A partir de 1224, el rey se dedicó de lleno a su gran objetivo: la lucha militar contra el islam. Para ello aprovechó hábilmente la descomposición del imperio magrebí almohade que se había apoderado del sur de España pero que, tras la derrota musulmana en la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, se estaba desmembrando en pequeños estados.

Tomó Carmona, Loja y Priego y llegó brevemente a sitiar Granada. A continuación, se lanzó a atacar los restos del imperio almohade y el el reino musulmán de Jaén. Las tropas cristianas, con Fernando a la cabeza, tomaron diferentes poblaciones y castillos, como Arjona, Iznatoraf o Castellar. Su conquista más importante en este periodo fue la de la ciudad de Baeza, tras un duro asedio, en 1227, en el que, por cierto, destacaron especialmente los caballeros y soldados vascos del rey de Castilla y León.

Después de unos pocos años de relativa calma, aunque en los que las tropas de las Ordenes militares lograron diversas conquistas en la zona de Extremadura, Fernando logró un extraordinario éxito militar de nuevo, en 1236, al conseguir conquistar Córdoba en una audaz ofensiva por sorpresa. La antigua capital del califato hispano musulmán volvía a ser cristiana. En los siguientes años las tropas cristianas fueron completando la reconquista de los reinos moros de Córdoba y Jaén en muchas pequeñas batallas y asedios. En el año 1246 Fernando estableció el cuarto asedio de la ciudad de Jaén y finalmente consiguió tomarla. También tomaron las tropas de Fernando III Cartagena, con su gran puerto, y Lorca, en Murcia, después de duros combates.

A partir de entonces, el gran objetivo del rey fue la toma de Sevilla, todavía musulmana y la mayor ciudad de Europa occidental entonces. Durante 2 años tuvo lugar un asedio épico lleno de combates terrestres y sobre todo navales. Fernando III hizo reunir una gran flota con naves y marinos cántabros y vascos al mando del marino burgalés Ramón Bonifaz. Esta flota derrotó a la escuadra musulmana, capturando muchos de sus barcos en duras batallas y estrechó el cerco de la ciudad al máximo.

Finalmente, Sevilla se rindió el 23 de noviembre de 1248. Fue el éxito que coronó todo su reinado. Enamorado de Sevilla y de Andalucía, Fernando trasladó la corte a Sevilla, que se convirtió en la capital de la Corona de Castilla, hasta la muerte del rey. Fernando III murió en mayo de 1252, muy cristianamente, tal como había vivido. Su único error fue dejar que el rey moro de Jaén Al Akhmar se convirtiera en vasallo suyo como rey de Granada con lo que la presencia de un estado musulmán en la Península se prolongó 250 años más. Al morir preparaba una gran expedición para conquistar lo que hoy es Marruecos.

Da la medida del prestigio internacional que alcanzó Fernando III, el hecho de que los soberanos más importantes de Europa trataron de establecer alianzas con él. Su primera esposa, Beatriz de Suabia, pertenecía a la dinastía de los Hohenstaufen, que ostentaba el trono del Sacro Imperio Romano Germánico. Una hija de Fernando, la princesa Leonor, nacida en Burgos, se convertiría en reina de Inglaterra al casarse con el rey inglés Eduardo I, formando ambos un matrimonio muy unido. Leonor le acompañó a sus campañas de conquista de Gales y Escocia (para quien la haya visto, este rey inglés es el «malo» de la película «Braveheart») y a la novena Cruzada en Tierra Santa, donde se dice que la reina salvó la vida al rey al succionar el veneno de una víbora que le había picado.

Fernando mantuvo una estrecha amistad con su primo, el rey francés Luis IX, que también sería más tarde beatificado como San Luis, rey de Francia. La madre de este rey era española, la gran reina de Francia Blanca de Castilla. Cuando el rey francés invitó a Fernando a enviar soldados a Tierra Santa a las Cruzadas, Fernando le contestó: «No faltan musulmanes en mis tierras», dejando claro que su prioridad era acabar con la presencia islámica en España. Fernando y Luis han sido comparados en su vida piadosa y cristiana, aunque lo cierto es que como guerrero fue mucho más afortunado Fernando. El rey francés fue derrotado en las Cruzadas y hecho prisionero por los musulmanes en Egipto. Su reino tuvo que pagar un gran rescate para que pudiese ser liberado. Más tarde moriría en el intento fracasado de conquistar Túnez.

Fue muy apreciado Fernando por los Papas de su época como Gregorio IX e Inocencio IV, quienes declararon oficialmente Cruzada las campañas de reconquista de Fernando en España, al mismo nivel que las Cruzadas de Tierras Santa.

No fue un rey «multicultural» precisamente. Cuentan las crónicas de la época como al conquistar la localidad de Priego sus soldados pasaron a cuchillo a toda la población musulmana. Combatió además sin descanso a los herejes, como los cátaros o albigenses, que se habían infiltrado en sus reinos desde Francia. Se dice que en ocasiones encendió las piras de las hogueras para quemarlos con sus propias manos. Los «Anales Toledanos», una de las crónicas de la época, dicen literalmente que » Aforcó el rey Fernando a muchos hombres e fizo cocer a muchos en calderas».

Cuando falleció solo quedaba del antiguo dominio islámico en España, el reino de Granada, aunque sometido a vasallaje y el pequeño reino taifa musulmán de Niebla, en la actual provincia de Huelva, que dominaba la mayor parte del Algarve portugués. Este reino sería conquistado por el hijo de Fernando III, Alfonso X » El Sabio».

Aún así, sus éxitos fueron extraordinario.Al subir al trono su reino tenía 120.000 kms cuadrados. Al morir tenía 330.000. Fue canonizado en 1671 por Clemente X. Fue muy devoto de la Santísima Virgen María y es patrono del Arma de Ingenieros del Ejército español que le recuerda, además, celebrando en su honor cada año la Semana de las Fuerzas Armadas, a finales de mayo, conmemorando su muerte. La máxima condecoración militar española, la Cruz Laureada de San Fernando, lleva su nombre.

Sus restos reposan junto con los de su primera esposa Beatriz de Suabia en la Capilla Real de la catedral de Sevilla en una urna de plata frente a la imagen de la Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla, imagen que fuera en su día un regalo de San Luis de Francia a Fernando III. Cada día 30 de mayo, sus restos se exponen a la veneración de los fieles. En la decoración de la urna externa que protege a la interna se enaltece al rey San Fernando y a la «apoteosis de la monarquía española». El recuerdo de Fernando III el Santo y sobretodo, su ejemplo, son hoy más necesarios que nunca en España.



Categorías:CULTURA, HISTORIA, TRIBUNA

2 respuestas

  1. Personas así es lo que hace falta, en lugar de tipos como sánchez y sus criados.

    Me gusta

Replica a Anónimo Cancelar la respuesta

DESPERTA

Red sociocultural