Axel Seib

No es por nadie desconocido que el separatismo en España, aunque es una dinámica repetida en muchas otras latitudes, requiere de un intenso trabajo de destrucción de la nación original o, si se prefiere, de «deconstrucción». Y eso lo encuentran fácilmente al haberse convertido la negación de España y su carácter nacional, en muestras de estatus cultural para cabezas huecas que suelen venir con los bolsillos bien cargados.
El otro elemento es la «construcción nacional» de la comunidad a la que se quiere separar de la patria común. Y así se niega la historia común y comienza una larga campaña propagandística. Lo llamo campaña propagandística, pero en general son la típica estrategia de «miente, que algo queda». Y tras más de un siglo de convivencia con el separatismo catalán y, habiéndole dejado espacios de poder enormes, la tarea ya está muy avanzada. Así nos podemos encontrar auténticas patrañas históricas que circulan libremente como verdades. Y, lo peor, medios supuestamente críticos con el separatismo, comprando y distribuyendo esas mentiras. Y mostraré un caso específico de manipulación histórica para crear sensación de agravio. Es más, con la utilización de un personaje icónico de nuestra historia y cultura como «mártir».
Me refiero a Antonio Gaudí. Icono de la arquitectura modernista y, prácticamente, el apellido que resume lo que en el extranjero entienden como arquitectura propia de Barcelona. Era raro que, tarde o temprano, no hubieran utilizado su figura para malmeter contra España.
Por allá el año 2017, ya iniciada la payasada del «Procés» que nos llevó a derrochar años en nada más que perder el tiempo y romperle las costuras al Principado, comenzó a circular una historia sobre Gaudí. Nada es coincidencia.

Tal historia, muy bien narrada y con diálogos bastante tendenciosos, quería mostrar que el actualmente y mundialmente conocidos arquitecto catalán, fue multado por hablar en catalán el 11 de Septiembre de 1924. Es que hasta la elección de la fecha deja entender que es una historia demasiado encuadrada en un discurso ideológico. Y la realidad jamás suele encajar en sectarismos. Hasta la persona más nacionalista del mundo no se encuentra a unos policías malencarados y, lógicamente, de lengua española, un 11 de Septiembre en la puerta de una iglesia para multarle por hablar en catalán mientras le amenazan con violencia física.
Recomiendo buscar dicha patraña. Que hayan muchos medios y cuentas afines al separatismo catalán difundiendo tal episodio «sospechoso» y sin fuentes, no es raro. Que lo publique «La Razón» dándole veracidad, ya es de chiste.
Y sin negar la remota posibilidad de existencia de tal episodio, porque quizás haya un milagro y alguien grabase toda esa conversación, con narrador incluido, del año 1924, voy a dar unas muestras de que es un episodio de más que dudosa veracidad.
Se trata, supuestamente, de un un evento acontecido en 1924. No hay documentos oficiales. No hay atestado policial. No hay ningún documento de aquel momento que revele tal episodio. Aunque algún medio dice que hay documentos en el archivo municipal de Barcelona. No lo he encontrado y estuve buscando. Si alguien tiene el atestado, agradecería que me lo adjuntase.
La única y más antigua referencia a tal historia, es un escrito de Joan Creixell, nacionalista catalán consumado que incluso escribió un librito sobre la posibilidad de una especie de escamote separatista que quería matar a Alfonso XIII. El personaje ya revela mucho.
Pero es que el episodio muy bien descrito por dicho autor sobre Gaudí, aparece publicado en Septiembre del año 1987 en el número 335 de la revista «Serra d’or». Comienza en la página 17 y ocupa bastante. No hay referencias o fuentes. Nada. Únicamente una especie de relato literario que encaja al milímetro en el discurso fetichista del tal Joan Creixell y la línea de esa especie de revista cultural de supuesta inspiración católica. Aunque la mentira no creo que sea un valor cristiano.
En conclusión. Difícilmente Gaudí fue multado por hablar en catalán.
Es penoso que, por sencillamente justificar lo injustificable, haya quien se invente una Historia paralela que, evidentemente, no es nada creíble.
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