Rafael María Molina

Cerca del popular mercado de San Antonio en Barcelona se encuentra la calle Manso. Mucha gente pasa por ella cada día sin que casi nadie sepa quien era ese tal «Manso». Pues fue un legendario guerrillero catalán de la guerra de la Independencia, luego Capitán General del Ejército.
Nacido en 1785 en Borreda, comarca del Berguedá, vivió de niño con su familia cerca de Ripoll. De joven fue oficial de Migueletes. Los Migueletes o Miquelets eran una milicia catalana creada en el siglo XVII, que había sido disuelta por Felipe V por su trayectoria austracista en la guerra de Sucesión. A finales del siglo XVIII había sido recuperada por las autoridades borbónicas para encuadrar a los voluntarios catalanes en colaboración con el ejército español durante la guerra contra el régimen revolucionario francés en la década de 1790. Al producirse la invasión francesa en1808, Manso se echó al monte como muchos jóvenes catalanes. Pero él destacó pronto por sus excepcionales cualidades.
Organizó una partida que creció rápidamente, con Migueletes y jóvenes de la zona de Berga, con la que empezó a atacar convoyes militares franceses especialmente en la zona de la ribera del Llobregat. Este núcleo guerrillero se convertiría en el Batallón de Cazadores de Cataluña, insertado en el Ejército español, donde tendría una larga y distinguida trayectoria.
En Puigcerda, Pallejá, Montserrat e incluso cerca de Tarragona, entre otros muchos lugares, causó numerosas bajas a los soldados franceses, emboscando con habilidad a las tropas napoleónicas.
También era experto en el manejo de minas y explosivos. El 14 de octubre de 1811 colocó con sus propias manos las cargas explosivas con pólvora, en una galería excavada bajo el castillo de Bellpuig, cerca de Cervera, donde se acantonaban cientos de soldados franceses, cargas cuya explosión derrumbó el castillo, sepultando a más de 100 napoleónicos. Fue una de sus acciones más célebres.
A los 27 años fue nombrado coronel, en atención a sus méritos guerrilleros, por el Gobierno de Regencia desde Cadiz que le otorgó el segundo puesto en el mando del ejército que operaba en Cataluña.
Se había convertido en un héroe popular en Cataluña y en uno de los guerrilleros mas famosos de España. Sus acciones están bien documentadas en las obras clásicas sobre aquella guerra, tanto de autores españoles como franceses y en los documentos militares de ambos países. Cerca de 700 soldados franceses al menos, murieron a manos del Batallón de Cazadores de Cataluña de Manso entre 1809 y 1814. En los años finales del conflicto, el ejército español en Cataluña se componía de 5 divisiones de origen guerrillero, mandadas por el general Luis Lacy, natural de Cádiz, de ascendencia irlandesa, combinadas con unidades regulares, con un total de 15.000 hombres. La guerra era constante en Cataluña como en toda España.
Aunque estas pequeñas divisiones estaban mandadas por habiles guerrilleros, como el barón de Eroles, Milans del Bosch, o Rovira, la más eficaz era la 5 mandada por Manso, como recordaba el cronista catalán del siglo XIX, Blanch.
El mariscal Suchet y otros generales franceses pusieron precio a su cabeza pero siempre pudo escapar, escondido por el pueblo. Su vida en estos años fue de película.
Tras la guerra, en 1814 Manso fue nombrado por sus méritos, general, por el Gobierno, a los 29 años.
Liberal moderado, llegó más tarde a ser Capitán General de Castilla La Vieja, Castilla la Nueva, Aragon y Valencia. Obtuvo las mayores condecoraciones españolas como la Cruz Laureda de San Fernando o la Cruz de Isabel la Católica, entre otras.
Un dato curioso de su biografía es que en 1832, habiendo sido Manso nombrado gobernador de Málaga, se encargó desde allí de negociar con el famoso bandolero José María Hinojosa Cobacho, más conocido como José María El Tempranillo, o «el rey de Sierra Morena», el bandolero español más famoso de la época. Manso consiguió que a cambio de un perdón real, el Tempranillo se pasase al lado de la ley y a partir de ese momento se dedicase a perseguir bandoleros.
José Manso murió ya anciano en Madrid en 1863. Más tarde el gran Mossen Jacinto Verdaguer le dedicó un famoso poema.
A pesar de tener calle en Barcelona y en algunas localidades catalanas Manso es hoy un personaje olvidado oficialmente en Cataluña como el resto de guerrilleros catalanes de la época, ya que al nacionalismo no le ha interesado recordar a estos héroes, que encarnaban una profunda catalanidad y al mismo tiempo un gran sentido hispánico de servicio militar a España. Aunque la Cataluña oficial nacionalista de nuestros días quiera ignorar a personajes como él, la historia de Cataluña y de España les sigue recordando.
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