Axel Seib

Algo tienen las democracias occidentales, que aún tomadas por oligarquías puestas a dedo por decisión de sombríos intereses de magnates financieros, atacan a cualquiera que no les ría las gracias. Además, con lo típico de «antidemocráta», «amenaza para la democracia» y entelequias similares. Lo de «fascista» ni lo mento porque hace años que dicho calificativo no es más que un fantasma de trapo para provocar miedo entre los más tontos del pueblo.
Es interesante que la misma gente que se toma el poder político como algo patrimonial, que hablan de valores cuando no tienen atisbo de moral y te amenazan con prohibir tu ideología por ley, luego se ponen a llamarte antidemocráta. Algo extraño porque suele coincidir que las personas a las que llaman antidemocrátas son ciudadanos que quieren defender los intereses nacionales y el bien común. Esos «antidemocrátas» que quieren saber por qué todos los líderes de los más altos puestos cierran filas y hacen constante genuflexión ante quiénes destruyen nuestro bienestar y nuestro futuro.
Supongo que el bien común y la protección del «demos» no son lo que define a la democracia. Debe ser lo que dicen muchos, se trata de lo que «vota la gente». Y lo cierto es que es simple, cualquiera lo puede entender. Quizás sea defecto mío, pero pareciera que para algunos la democracia se reduce a un concurso de popularidad amañable si se paga lo suficiente a los medios. O si les caemos en gracia a los inversores. Aunque tampoco parece eso. Porque eso provocaría que, aunque no nos gustasen los resultados, habría que respetarlos. Bueno, si somos ciudadanos. Las élites parece que apoyan un concurso de popularidad con ley del embudo.
Ejemplo de Irlanda con la reforma de su Constitución para «modernizar» su definición de familia y mujer. Reforma rechazada en referéndum. Y nada más rechazarse, se volvió a plantear otro referéndum, porque la gente vota mal. Volvió a salir negativo. Supongo que algún día harán la tercera parte. O quizás cuelan la reforma con alguna chapuza de trilero leguleyo.
Pero tenemos ejemplos domésticos. En los últimos años nos hemos acostumbrado a repetir elecciones porque no salían las cosas que querían algunos. Y al final, como no dábamos mayoría absoluta a nadie, alguien tuvo que pactar con el diablo por unas migajas y un colchón nuevo. Y diría que tragarse las palabras. Pero para tragarse las palabras habría que tener palabra.

Y ahora se repite la situación. Parece que no gustaron los resultados de las elecciones en el PSOE de Valencia porque ha perdido el candidato de Pedro. Así que hay que repetirlas. Lógico. Quizás no llegaron todas las monedas de plata a tiempo. Si las enviaron por Correos, me lo creo. O lo mismo las urnas estaban vacías al comienzo de la jornada. Inadmisible. Pedro es tan demócrata que siempre intenta que hayan unos votitos en la urna para animar a participar de «la fiesta de la democracia». Es una tradición que ya le conocemos de cuando lo echaron del PSOE. Y como diría él: «las formas se pueden perder, pero las tradiciones, no». Así que hay que repetir las elecciones en el PSOE de Valencia. Hasta que salga lo que Pedro quiere. Algunos dirían que para eso sería mejor tener una dirección autoritaria y que los ponga a dedo. Pero no, porque «semos demócratas» y se prefiere tener a los electores girando en la rueda hasta que se cansen y voten lo que hay que votar. Porque si el votante se equivoca, puede entrar en un eterno Día de la Marmota al estilo de Bill Murray, pero con papeletas. Podríamos pensar que es ridículo, pero no. Es democracia. Una democracia por saturación. Cansar al elector hasta que haga caso. No nos podemos quejar, no nos hacen votar a punta de pistola. Únicamente nos minan la moral y nos hacen sentir que el voto es inútil si no asentimos como el perrito cabezón de los salpicaderos de los coches.
Se me ocurren muchos nombres para el tipo de democracia que practican Pedro Sánchez y otros muchos. Me gustan especialmente «democracia al estilo del chef» o, incluso, democracia a la Juan Palomo.
Hace muchísimo: Dios, Patria, Rey.
Hace mucho: Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Hace 50 años: Una, Grande, Lbre.
Hace poco: Café, Copa, Puro.
Ahora: Vota, Paga, Calla.
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