Alain de Benoist

Con motivo de la aparición del primer número de la revista Éléments en español (Éléments-El Manifiesto), reproducimos este artículo de Alain de Benoist, publicado en esta entrega inaugural. Deseamos a nuestros amigos de Éléments-El Manifiesto una fructífera trayectoria y muchos éxitos en este terreno de la lucha cultural en el que todos nos encontramos y nos sentimos compañeros.
Antiguamente, o eras niño o eras adulto. Entre los dos había ritos de paso, que ahora han desaparecido. Luego inventamos la adolescencia, que nunca termina. Se llama «adulescencia». Ha dado lugar al tipo dominante de nuestra época: el narcisista inmaduro. Los hombres de derechas son adolescentes perpetuos, que sueñan con el heroísmo y la caballerosidad. Los hombres de izquierda son niños perpetuos, que sueñan con la fusión igualitaria y tranquilizadora en el seno materno. Keith Howard, que acaba de publicar Infantilised (Constable), señala que uno de los fenómenos actuales más sorprendentes es lo mucho que se alarga la inmadurez. «La naturaleza quiere que los niños sean niños antes de ser hombres», escribió Rousseau. «Si queremos pervertir este orden, produciremos frutos precoces que no tendrán ni madurez ni sabor, y no tardarán en corromperse» (Emile, II). En eso estamos ahora. El mito del niño rey surgió tras la Segunda Guerra Mundial. Fue de la mano del descrédito de la autoridad y de la abolición de la noción de cabeza de familia. Culminó el 23 de septiembre de 2019 en Nueva York, con el espectáculo surrealista de Greta Thunberg amonestando a los jefes de gobierno en las Naciones Unidas. Al mismo tiempo, la ley de la Madre ha sustituido a la ley del Padre en una sociedad que se enorgullece de despreciar todo lo que solíamos admirar (grandeza, heroísmo, autoridad, virilidad, verticalidad) y que venera la «apertura», las sociedades «inclusivas», la debilidad, las víctimas, los estados de ánimo y la horizontalidad.

El «último hombre» Kant abogaba por la «salida del hombre de su minoría de edad» en una perspectiva emancipadora, definiendo la «minoría de edad» como «la incapacidad de utilizar el propio entendimiento sin la guía de otros». Hoy, los poderes públicos mantienen la «minoría de edad» para perpetuarla a lo largo de toda la vida. Los problemas de los adultos se imponen a los niños, mientras que a los adultos se les infantiliza. El Estado solía decir a los ciudadanos lo que no debían hacer. Ahora les dice lo que deben hacer en todos los ámbitos, incluso en los más íntimos. El Estado niñera ha tomado el relevo del Estado del bienestar en un contexto de aumento de los valores femeninos y del matriarcado. Es un mundo de «cuidados» , de despreocupación, de «marchas blancas» y luz de velas, de inmersión general en lo emocional, de desbordamiento lacrimógeno permanente. Es el estado terapéutico del que habla Christopher Lasch: la «cultura de la terapia» como remedio para la vida. El confinamiento en el «Covid de combate» ha brindado la oportunidad de regular las «pequeñas cosas que hacemos cada día» para maximizar nuestro «capital de salud». En tiempos de canícula, el estado terapéutico nos repite, como a niños retrasados, que «es importante beber regularmente». Pronto nos dirá que en invierno es mejor salir a la calle tapado, y que jugar con cerillas acabará quemándote. La ideología dominante ya no educa, sino que reeduca. El objetivo final es convertir la sociedad en un centro de reeducación permanente.

Nuestra época es ahora como la infancia. En un mundo que ha perdido el norte, el narcisista inmaduro sólo se preocupa de su propio ego. Con el liberalismo de libre mercado, el consumo se convierte en el único horizonte del individuo. El sujeto posmoderno es lúdico y libidinal. Es el Homo festivus al que se refería el difunto Philippe Muray. La libertad individual, que antes se limitaba a resistirse al control excesivo de las autoridades públicas, se ha convertido ahora en el medio de afirmar cualquier forma de elección de estilo de vida, incluso la más delirante. La ideología de los derechos humanos multiplica las exigencias («tengo derecho») de los individuos que, como los niños, patalean cuando no se satisfacen inmediatamente sus deseos. La «Generación Z» (los nacidos entre 1997 y 2010) son también los «copos de nieve» que no soportan las contradicciones y han decidido de una vez por todas que todo es suyo. Totalmente incultos, pero absolutamente intolerantes, fabricados en serie por una escuela en la que reinan la «enseñanza de la ignorancia» (Jean-Claude Michéa) y la «fabricación de imbéciles» (Jean-Paul Brighelli), obsesionados consigo mismos, adictos a las pantallas, inyectados de Netflix y de realidad virtual, en constante búsqueda de «lugares seguros» que les protejan del «acoso», y de «likes» que aumenten los niveles de dopamina en sus cerebros; para ellos, como ha escrito Jeremy Stubbs, «cualquier problema de la vida normal se representa como una amenaza para el bienestar emocional del individuo, una conmoción para su autoestima y una fuente potencial de traumas duraderos que requieren intervención terapéutica». La mayoría de los mensajes publicitarios parecen estar dirigidos a personas con un coeficiente intelectual de dos dígitos (con una coma en medio). En los medios de comunicación, ya no hay madres ni padres, sólo «papás» y «mamás», «tiítos» y «besos». En las calles, los pijoprogres van en patinete. La corrección política, impulsada por el deseo de «no herir la sensibilidad de nadie», está fomentando la literatura y la cinematografía bobalicona, alentada por los justicieros del cine y la ficción. Ésta es la era del cocooning, del sofá ante la tele y de la distracción en el sentido pascaliano: el vaciado de toda vida interior. Costanzo Preve dijo una vez: «No puedes enfrentarte al mundo tal como es con un corazón de alcachofa». El narcisista inmaduro de hoy ha perdido todo sentido de la realidad, de la historia y de la tragedia, lo que le convierte en un juego condenado de antemano. El «último hombre» de Nietzsche es el hombre del ocaso: para vivir felices, quedémonos en la cama. En un momento en que el mundo está al borde de una inmensa agitación, nuestros conciudadanos discuten sobre «escritura inclusiva» y «masculinidad tóxica». Va a ser un duro despertar.
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Desde el 2010, la palabra «guion» se escribe sin tilde. Hay que estar al día en cuanto a novedades ortográficas. Para mí, una persona -joven o no- que comete faltas de ortografía (en español o en catalán) no merece vivir ni una nonillésima de segundo más.
A los chavales de hoy en día, se les perdona las faltas ortográficas en los exámenes de cualquier universidad (pública o privada). Y esto es infinitamente intolerable. Luego te encuentras a abogados que escriben «gusticia» con «g».
Sobre todo, las chicas andan muy preocupadas por su futuro. No por su muerte para dentro de 80 años, los cuales se esfuman enseguida, en un abrir y cerrar de ojos. No ese tipo de «futuro», que realmente es el único futuro por el cual deberíamos preocuparnos absolutamente todos. Sino que están preocupadas por el futuro económico. Coleccionan másteres. Hacen gastar a sus padres un montón de dinero. Y, como son pijas, después no aceptan cualquier empleo. «Es que si no gano 6.000 euros al mes no soy persona». Por eso emigran a Londres y a California. «Porque yo lo valgo, ¿sabesss?» (con acento de chica pija). Y que no falte la sudadera de «Oxford Cambridge University» (incluso en verano).
«Y el iPhone 16 que me compré ayer lo tiro a la basura. Hoy me compro el iPhone 17, el cual tiraré a la basura mañana, para poder comprarme el iPhone 18. Y, pasado mañana, el iPhone 19. No voy a ser menos que mis amigas (en femenino), que también son usuarias de Netflix».
«Y, como tengo 16 añitos, soy una anciana. Me tengo que operar la cara, aunque no tenga ni una sola arruga».
Bienvenidos al siglo XXI. Esto es así. Y esto es lo que más me molesta de los jóvenes de hoy en día. Y la culpa es de los padres, de los profesores y de los políticos, ya que las denominadas «normas de cortesía» de antaño se prohibieron hace muchísimos años. Por eso, los chavales crecen en una sociedad sin valores cristianos. Todo es feminazismo, ecolojetas, extrema «izmierda», «indapandènsssia», adoctrinamiento escolar… Luego nos quejamos de que los chavales son infinitamente estúpidos. ¡Los hemos educado así de mal! O volvemos al franquismo, o no hay solución a esto.
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Hablando de cirugía estética:
«Agata Margaret Spada, una joven italiana de 22 años, ha fallecido tras someterse a una rinoplastia en una clínica de Roma a la que contactó después de ver un vídeo en TikTok».
La historia se repite.
La cantante peruana Muñequita Milly. 23 añitos.
Agata Margaret Spada. 22 añitos.
¿Quién será la próxima chica de 21 añitos que fallezca? Cada vez, un año más jóvenes.
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La realidad de las cosas:
https://www.youtube.com/watch?v=1yLNZzQGDEQ
Hay que hablar de esto. De los jovenlandeses y de los okupas.
«Fora jovelandesos dels nostres barris!»
España era un país normal. Normal hasta que llegaron los jovenlandeses y, por supuesto, hasta que se puso de moda la okupación.
En España sobran todos los «zurdos» y todos los extranjeros que se dedican a delinquir.
Lo que pasa es que no hay «huevos» para eliminar el problema, claramente identificado desde hace décadas.
En España necesitamos la suma de un Trump, un Bukele, un Milei y un Generalísimo Franco. Todo ello, elevado al infinito y multiplicado por infinito. Solamente así, de esta manera, con mano dura, España volverá a ser un país normal.
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España era un país normal hasta que vinieron Felipe González y Pujol, que lo jodieron todo.
Por tanto, si queremos volver a la normalidad, hay que revertir sus políticas antisociales, de confrontación y de re-miseriación de las clases medias.
Más claro, imposible.
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Esto no es un problema de «huevos» para eliminar el problema.
Esto es una POLÍTICA muy bien tramada y concertada para obtener unos resultados queridos muy determinados.
Por eso no se quiere cambiar nada y por eso mismo en Europa, donde también pasa esto, tampoco se quiere hacer nada.
Esto además dura ya muchos años (en Europa, 40), no importa el partido político en el poder.
La pregunta entonces es ¿por qué llaman a esto democracia cuando evidentemente no lo es?
Están utilizando la democracia pata meternos por el culo unas políticas enemigas con la legitimidad de que «lo ha votado el pueblo».
¿Qué pueblo?
Desde luego no el nuestro.
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Alain de Benoist es un fumador. Para mí, una persona fumadora tiene un 0 % de credibilidad.
Ser una persona inmadura es una virtud, no un defecto.
Solamente se pueden juzgar a las personas en un tribunal. Juzgar a los demás, por la calle, es de sinvergüenzas. Dejad que la gente haga lo que quiera.
Un chaval supercentenario, de 110 años de edad, para mí es un chaval, no un hombre. Puede salir a la calle con minifalda y con una sudadera de color rosa. Pintarse las uñas y los labios. Jugar con muñecas Barbie. Que haga lo que le dé la gana.
La gente no tiene hijos porque mantener un perro o un gato sale muchísimo más barato.
En resumen, que cada uno viva su efímera vida a su manera, pero que se abstenga de vivir y de criticar la vida pecaminosa de los demás. ¡Su vida, no la vida de los demás!
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¿Es que el que una persona tenga vicios (y todos tenemos vicios porque todos somos humanos) significa que todo lo que diga y todo lo que haga el articulista no tiene ya valor?
Esto se llama en retorica crítica «ad hominem» y se utiliza principalmente cuando no se tienen razones para criticar lo que dice.
Yo te invito a releer el artículo (mejor aún, a leer el artículo original en la revista Éléments-El Manifiesto) y veas, junto a los hechos que destaca y las razones que da las conclusiones a que llega.
Luego piensa en qué te favorece o perjudica esta situación creada por los políticos.
Te recuerdo que todos somos clases medias, por lo que nuestros intereses son muy similares y nuestros enemigos, también.
Si no eres un político con mando en plaza o con retiro de oro en Europa o en una puerta giratoria, tu estás en el mismo barco que nosotros y dirigido gatalmente a los mismos arrecifes.
Así que no te pases de listo y vela por tus intereses y los de tu familia ahora que todavía estás a tiempo.
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Es evidente que la coeducación está feminizando a los chicos.
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Pues yo, desde hace décadas, uso siempre perfumes de mujer porque siempre huelen infinitamente mejor que las pestilentes colonias para hombres con pelo en el pecho.
Lo mejor: perfume con aroma a mango, coco, maracuyá, vainilla y frutos del bosque. ¿O prefieres oler a cuero, con notas amaderadas aderezadas con pimientos asados y chorizo picante extra?
Igual que los juguetes para los niños. Cuando salgo a pasear, en los jardines y en los parques, veo a niñas (menores de 10 años de edad) jugando a fútbol. Y, además, juegan de manera salvaje (como si fuesen niños extremadamente violentos y traviesos). Ya no juegan a saltar a la comba ni a dar el biberón a un muñeco Nenuco.
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Una cosa es que cada uno tenga la libertad de hacer lo que su santa gana le inspire…
…y otra muy diferente es que los POLÍTICOS tengan la libertad de hacernos lo que sus santa gana y sus ingenieros sociales quieran castigarnos.
La diferencia, majo, es esencial.
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Pues si las causas están tan claras y las consecuencias tan terribles. la solución está clarísima:
Hacer exactamente todo lo contrario de lo que nos ha arrastrado hasta aquí.
Empezando por dejar de ver tanta televisión, que atonta, y exigir responsabilidad personal a todo el mundo, empezando por uno mismo.
Esto está destruyendo nuestra civilización y nuestra sociedad; a tiempo estamos de cambiar para bien.
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Un excelente artículo, el de Alain de Benoist, y una magnífica iniciativa traducir la célebre revista ‘Éléments’ al español. Yo ya me la había comprado (en PDF sólo cuesta 5 euros) y estoy alucinado con su nivel.
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