José Vicente Pascual

La izquierda cuqui y también la astrosa podemita es muy de ocurrencias, de soluciones en dos patadas a problemas reales que afectan a gente de verdad, como maosetunes contemporáneos que descubrieran otra vez la fórmula para acabar con la depredación de trigo por los pajarillos del cielo: “¡Coño, ya está! ¡Acabamos con los pájaros y asunto resuelto!”. Sobre las consecuencias y los millones de muertos que vengan después por hambruna, ah, la vida es así y el que quiera reclamar ya sabe: el maestro armero está para algo.
Ahora se les ha ocurrido que el gobierno rebaje por decreto el 40% del precio de los alquileres. Mira tú qué idea. Desde luego que la medida le va a venir muy bien a los inquilinos ya instalados. Menudo chollo de momento, porque a la hora de renovar se van a poner bravas las cosas. Aunque el problema verdadero va a recaer con otro peso, terrible, sobre la gente que busca donde vivir, sea piso, casa o habitación compartida.
Los precios han subido escandalosamente porque no hay oferta y, en consecuencia, la competencia ha decaído hasta ultramínimos. Si por ley se establece obligación de alquilar un 40% más barato, ¿dónde acabará la oferta? El cero se presenta como perspectiva posible. Hombre, si ya estaba la manga encogida por la inseguridad jurídica, la okupación, la voracidad fiscal, imaginen las ganas de poner pisos en alquiler con ese restando del -40%. Exactamente es la solución de aquel comerciante loco que, como vendía muy poco, con toda euforia subió los precios para mantener sus márgenes de beneficio.
Hablando de precios, a ver… Esta gente sigue pensando con lo mismo que pensaba Errejón las noches de concierto. La subida que contemplarán los que mantengan su vivienda en el mercado, a partir del posible decreto, vendrá marcada por el mismo gobierno: un 40%. Si antes el metro cuadrado estaba a 11’50, se pone a 15 y redondeamos. De economía sé lo mismo que de restauración de automóviles clásicos: nada. Pero dedos en la mano para contar aún me quedan. Con el mercado seco, con subidas entre el 40% y el 45%, se hará muy cierta aquella certidumbre del viejo chiste de gitanos y guardias civiles: “¿¡Quién vive!?”; “Ustedes, que tenéis economato”. Por actualizar: vivirán ellos, que les hacen precio en el bar del Congreso y tuvieron vista para comprar a tiempo en Galapagar.
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