España, un fracaso político (1)


Pedro López Ávila

Pedro López Ávila, granadino, es catedrático de Lengua y Literatura Española. Ejerció como Jefe de Departamento durante once años, ha ocupado distintos cargos directivos en la administración pública y ha fundado varias entidades privadas para el acceso a la función pública docente. Coordinador de múltiples actos literarios, ha presentado a poetas, narradores, articulistas y ensayistas de la actualidad y dirigido talleres de poesía y teatro. Formó parte del equipo de redacción de la revista de letras Ficciones. Fue miembro cofundador de la Asociación Cultural Granada 13 Artes y realiza críticas a relevantes pintores contemporáneos en revistas especializadas. Ha sido colaborador en Cadena COPE con un espacio que lleva por título La Rendija. 

Augusto Ferrer Dalmau – «Calderote»

Literatura y sociedad. Primera Guerra Carlista

De todos es sabido que la literatura de imaginación y de creación están íntimamente relacionadas con la sociedad en la que fue escrita y a la que va destinada; por esto los acontecimientos históricos que se suceden dentro de un determinado marco social, tienen su correspondencia con las situaciones y con las concepciones de vida que cada autor tiene según sean sus valores o ideales. Y así, de esta manera, si se hablara, por ejemplo, de los autores más representativos del romanticismo español, nos encontraríamos con autores con formas diferentes de interpretar su propia vida en el momento concreto que les tocó vivir la realidad de su tiempo. A grandes rasgos, podemos decir que si dirigiéramos nuestra mirada exclusivamente hacia la obras del movimiento literario referido anteriormente, sus autores quedarían alistados en dos grupos: el primero abarcaría a los románticos liberales moderados o pragmáticos y, el segundo, románticos liberales exaltados o revolucionarios. Entre los primeros encontraríamos nombres como Martínez de la Rosa o, quizá, Ángel Saavedra, Duque de Rivas y, entre los segundos, se encontrarían Espronceda o, tal vez, Larra.

Esto, no obstante, no quiere decir que esta línea divisoria que hemos marcado sea estricta y no existan territorios intermedios o fronterizos entre unos y otros, ni siquiera que las adjetivaciones que les hemos aplicado a los escritores románticos liberales españoles sea la más precisa. Es más, parece excesivamente complicado entender que el movimiento romántico español tenga mucho que ver con el movimiento romántico europeo. Y es que, como diría J. P. Sartre, «la literatura de una época es la época digerida por la literatura».

Jean Paul Sartre

Por otro lado, sería conveniente reseñar, igualmente, cómo la sensibilidad literaria ha precedido y precede a los acontecimientos históricos. R. M. Albérès diría al respecto: (…) «Y es quienes hacen literatura presienten, el tiempo que va a hacer mañana, el viento moral o inmoral que va a soplar, los huracanes de la historia (…)». Más aún, la obra literaria, incluso, puede discurrir por los aparentes cauces de la fantasía para anticiparse a una realidad futura como son los caso de los novelista ingleses George Orwell con su obra 1984 o Un mundo feliz de Aldous Huxley. Por tanto, se hace necesario prestar atención al ambiente social e histórico en que se produce el universo creativo de cualquier autor, pues incluso Freud puso de relieve, con su obra El malestar en la cultura, como la realidad social y cultural desempeñan un papel capital en el foco de la creación literaria o artística. Por tanto, tendremos que colegir que el marxismo, el existencialismo y el psicoanálisis tienen un eco muy importante en la creación literaria.

Así que, me he permitido elaborar una breve incursión por la sociedad española desde principios el siglo XIX hasta nuestros días, sin aspiraciones de hallazgos históricos, pues tan solo tienen como objetivo el ofrecer a IDEAL en clase una serie de datos de referencia, que no deberían quedar reducidos a un mero registro de nombres y fechas, sino que lejos de ello, estos capítulos, que vamos a presentar a través de cinco entregas, solamente pretenden significarse como una sucinta información a lo que hemos vivido a lo largo de nuestra historia contemporánea, que ha sido siempre el relato de su fracaso político.

Constitución española, 1812

Así pues, comenzaremos diciendo que las ideas liberales, formuladas a finales del siglo XVIII y el aparato propagandístico que acompañó a los ejércitos napoleónicos a principios del S. XIX culminaron con la aprobación de la primera Constitución española, redactada en Cádiz durante la ocupación francesa por la primera Asamblea Constituyente en 1812. La invasión napoleónica avivó la conciencia nacional y la lucha antifrancesa consiguió la adhesión de las masas al tradicionalismo y acatamiento arbitrario al poder de la monarquía. Y así, el regreso de Fernando VII en 1814, después de un exilio infamante, fue saludado con el grito de «vivan las caenas». Estaba claro, los conceptos de la Constitución no solo se anticiparon mucho a su tiempo, sino al espíritu de la opinión del pueblo. De ahí la gráfica frase de Marx: «en Cádiz ideas sin actos; en el resto de España, actos sin ideas»

La ciega obediencia al nacionalismo y al casticismo de los españoles llevaron consigo el exilio de un sinfín de liberales por el inconformismo de estos ante una sociedad burguesa con cuyos valores estaban en desacuerdo y en donde el sentimiento de insatisfacción social no cejaría hasta que en 1833 muere el rey. A partir de aquí, el conflicto se hizo inevitable.

Isabel de Borbón y Borbón junto a su madre Isabel II (1852), por Francisco Javier Winterhalter (Palacio Real de Madrid).

Su hija Isabel de Borbón y Borbón (Isabel II), aún muy niña, vio disputado su derecho al trono por su reaccionario tío D. Carlos María Isidro de Borbón – defensor de la monarquía absoluta -, quien no reconocía el derecho al gobierno de la mujer; es decir, la sucesión femenina al trono. Sin embargo, los liberales pragmáticos se aliaron a su causa, representada por la regencia de su madre María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (cuarta mujer de Fernando VII), que tuvo que hacer frente a la primera guerra carlista, que iba a durar hasta 1840. Para mantener la guerra contra la insurrección carlista Mendizábal, ministro liberal, puso en circulación más de la mitad de las propiedades tanto eclesiásticas como civiles en España (1835). En esencia se produjo la incautación (nacionalización) por el Estado de bienes pertenecientes en su gran mayoría a la Iglesia y a los municipios y que luego fueron vendidos en públicas subastas.

[Continua]

IDEAL, En Clase, 16/10/24



Categorías:CULTURA, HISPANIDAD, TRIBUNA

2 respuestas

  1. Mire, España va a ser siempre un fracaso político por 2 razones relacionadas:

    La primera es por gente como usted, que no es más que una versión más de la lacra que padecemos desde la «Ilustración», los krausistas y los regeneracionista, que además se han tragado todos la leyenda negra protestante.

    El problema está en creer que la democracia, especialmente en los países occidentales, es fruto de un «proyecto», de una ideología, de unos filósofos…, esto es de un acto de voluntad y de unos aficionados en teoría bien intencionados.

    (digo en teoría, porque en cuanto tocan el poder lo van a aprovechar bien y se van a poner las botas, porque «la vida es corta «)

    La otra porque el régimen político es el resultado de una sociedad determinada y, en este caso es la resultante de una estructura económica muy determinada: la que resulta del comercio, la manufactura y posteriormente la industria. De ahí y sólo de ahí salen las clases medias (nosotros). Nuestro régimen es la democracia.

    El origen de la democracia en Estados Unidos, Gran Bretaña, Paises Bajos e incluso Francia se debe a una oligarquía de millonarios, cuyos intereses están en la manufactura y el comercio, que se apoderan del Estado en nombre del Pueblo en defensa de sus intereses privados. (Esa oligarquía en Estados Unidos era de grandes terratenientes, pero las necesidades monetarias del nuevo país que estaba arruinado y el bloqueo francés a Gran Bretaña cambian las políticas económicas).

    En España no ha existido esa clase social lo suficientemente fuerte como para hacerse con el control del Estado, por lo que todos los intentos que ha habido (los golpes de Estado «liberales», las guerras independentistas hispanoamericanas, que eran republicanas contra realistas, las 2 repúblicas bananeras, no sólo no lo han logrado, sino que han traído una reacción totalmente legítima: las 3 guerras carlistas y la guerra civil.

    El obcecamiento de los ilustrados y su brazo político secreto, la masonería, con la Leyenda Negra y sus tonterías dogmáticas a cerca de la educación, la «razón», el robo y extinción de la Iglesia Católica (porque promueve «creer» y no «pensar) y el republicanismo (para gobernar ellos en secreto la nación) no sólo es ridículo y nunca puede funcionar (no existe nada de esto en los países anglosajones ni tampoco en los países que les imitaron para prosperar, como Japón y Corea),

    …sino que ha creado de la nada todo lo que lo impide: un enorme conflicto social gratuito, guerras civiles y fabricar de la nada una nueva clase social de latifundistas absentistas gracias a los robos de las desamortizaciones

    (los intereses agrícolas y ganaderos son contrarios a la industrializacion e intentan evitarla. Por eso los criollos hispanoamericanos, que eran latifundistas, arruinaron sus países hasta hoy mismo con el libre comercio con la industrial Gran Bretaña, matando de raíz sus manufacturas nacionales. Es la máquina la que agrega valor a materias primas y no al revés).

    Fue FRANCO, con su INDUSTRIALIZACIÓN y los necesarios 40 años de paz que trajo quien creó el enorme progreso económico, social y cultural. Y su industrialización creó por primera vez las clases medias en España (nosotros).

    Pero ¿por qué hemos ido para atrás con la democracia?

    1. los políticos han intentado retrotraernos a 1936 (porque como usted creen que el régimen político es cosa de voluntades y teorías), destruyendo todos los avances de Franco, empezando con su industrialización, que destruyen. («reconversión industrial»)
    2. Los políticos crean, con el nombre de democracia una oligarquía bipartidista dominada por el líder del partido centro izquierda y por el líder del partido centro derecha, que se alternan.
    3. La oposición parlamentaria no ha existido nunca con Aznar, ni con Rajoy (ni existirá con Feijoo). Esto ha creado una corrupción enorme y que el elector crea que no hay alternativa racional. Tampoco favorece que el Estado funcione. Vivimos una especie de socialismo cubanoiforme
    4. Los políticos controlan demasiado la sociedad, especialmente la actividad económica, por lo que nada funciona, distorsionan la economía y matan de raíz el emprendimiento.
    5. Como los políticos viven de los Presupuestos Generales del Estado (tus impuestos) y no viven de las cuotas de sus socios, no sólo dependen de la voluntad del dedo que les ha enchufado ahí (por lo que obedecerán su voluntad absoluta y no la voluntad de sus electores; es decir, que no hay democracia). Es que eso favorece que nos gobiernen inútiles totales, como Zapatero y Pedro Sánchez, que han vivido siempre del partido y no saben lo que es el mundo normal.
    6. Los gilitontos democratacristianos de la Transicion dieron un poder extraordinario a los nacionalistas, que lo han aprovechado para independizar sus regiones. Esto a su vez crea conflicto gratuito perpetuo y fomenta el independentismo en el resto de las regiones….etc, etc, etc.

    Como ve los problemas que tenemos no vienen de la Constitución de 1812 ( que no votó la nación) ni de Fernando VII (que defendio sus intereses tradicionales y los de sus partidarios).

    Los problemas que tenemos vienen todos de Suarez, Felipe González, Aznar, Zapatero, Rajoy y Pedro Sánchez.

    (junto con algunos indeseables con demasiada influencia, como José María Martín Patiño et alia)

    Pues visto así, siempre podremos hacer algo, ¿no?. Como votar políticos diferentes y políticas contrarias a las que nos han traído hasta aquí.

    Pues bueno es saberlo.

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