«La guerra del señor Biden» por José Alsina


Las pasadas elecciones presidenciales en EEUU las ganó John Biden. No quiero entrar en la cuestión de si hubo tongo o “pucherazo”, pues carezco de datos. Lo que está claro es que Biden capitaneaba una coalición, que iba desde el “stablishment” político habitual y la progresía de Hollywood, hasta el “lobby” de fabricantes de armas que, al parecer, con Trump hacían poco negocio. El mantra común era “frenar al fascismo y a la extrema derecha”, que es una bonita manera de no decir nada.

Como es habitual en estas situaciones, Biden dijo muchas mentiras y engaño a mucha gente. Pero en una cosa no mintió: dijo de forma clara y meridiana que bajo su mandato EEUU volvería a ser el líder mundial. Esta bonita frase, cuando se traduce al lenguaje real, significa una cosa muy clara: guerras. El que la progresía mundial no lo entendiera e hiciera “la ola” a este belicista no es culpa de Biden, sino de las pocas entendederas de la progresía mundial.

Así Biden quiso volver al tradicional intervencionismo del Partido Demócrata, que caracterizó el mandato de Obama y de la siniestra Hilary Clinton. Recordemos que durante este periodo nefasto EEUU intervino en Siria auspiciando el nacimiento del Estado Islámico, intervino en Libia, derrocando a Gadafi y provocando el caos en este país, que a día de hoy es todavía un estado fallido, y participo en numerosas “revoluciones de color” en el mundo árabe, sembrando el caos, la confusión y la inestabilidad.

Sin embargo, la primera aventura mundial de Biden salió muy mal. La vergonzosa retirada de Afganistán frente a los Talibanes (el monstruo a quien los mismos EEUU habían alimentado), con el consiguiente abandono de sus aliados, ha demostrado que la política exterior de Biden tiene los pies de barro. Con su prestigio por los suelos, Biden necesita imperiosamente una victoria diplomática y/o militar, que le permita recuperar el prestigio perdido. Ahí es donde entra Ucrania.

Desde su independencia en 1991, Ucrania siempre había estado en la órbita rusa, formando parte del CEI. Esto no debería extrañar a nadie, pues el llamado Rus de Kiev, reino nacido en el siglo IX, marca el nacimiento de la nación historica que dará lugar al principado de Moscú y, después, al Zarato. Ucrania es a Rusia lo que Asturias a España, la cuna de sus orígenes.

En febrero de 2014 se produce la llamada “revolución” del Euromaidán, que fue en realidad un golpe de estado auspiciado por la UE y EEUU contra el gobierno legítimo, en el que, por cierto, participaron los “neonazis” locales, convertidos en peones de la causa atlantista.

Lo cierto es que cuando la caída de la URSS, los EEUU engañaron a Gorbachov y a Elsit:  les hicieron creer que, si disolvían el Pacto de Varsovia, ellos harían lo mismo con la OTAN. El Pacto se disolvió; la OTAN, lejos de disolverse, siguió creciendo e incorporando países que habían estado siempre en la orbita rusa y, además fronterizos con Rusia. Después de la pausa Trump, Biden ha seguido con su política agresiva, desplegando tropas en las repúblicas bálticas y, ahora, mandando gran cantidad de armas a Ucrania, con gran regocijo de sus patrocinadores de la industria armamentística.

Esta política belicista, primero de Obama y ahora de Biden, arrastra a los países europeos, entre ellos a España, a enfrentarse a Rusia en contra de sus intereses geopolíticos y económicos. Las sanciones impuestas por EEUU hacen perder a la agricultura española exportaciones millonarias. Alemania, después de haber desmantelado sus centrales nucleares, depende del gas ruso ¿Qué pasaría si Putin “cerrara el grifo”?

Todo ello muestra la falta de soberanía y de política exterior propia, no solamente de España, sino del conjunto de países de la UE, obligados por EEUU y por la OTAN a una política de agresividad hacia Rusia, únicamente en beneficio de los planes globalistas de los EEUU.

Rusia no pretende invadir Ucrania. Rusia solamente pretende tener garantías de que cesaran los despliegues de tropas en sus fronteras, y que no habrá más incorporaciones a la Alianza Atlántica de estados fronterizos. No es pedir mucho ¿Se imaginan que Rusia desplegara tropas en Méjico?

A pesar de todo parece que Biden tiene problemas para arrastrar a Francia y, sobre todo, a Alemania a su aventura.

Es la guerra del Sr. Biden, no la nuestra.



Categorías:globalización

1 respuesta

  1. Parece ser que como hicieron el fraude fue, en aquellos condados que podían cambiar el sentido de la votación, parar la votación e introducir los votos necesarios para que ganase Biden. No se necesitaron muchos votos falsos, sino solo los necesarios bien situados.

    Se sabe, por razones históricas, que cuando las encuestas dan a un candidato mucha aceptación popular, ese candidato es elegido Presidente.

    Trump tenía un índice de popularidad mayor que Ronald Reagan, que gano por goleada, luego de ahi deducen que hubo tongo.

    Por cierto, que cuando esa votación del Congreso de Diputados para cambiar la legislación laboral y que se aprobó con el voto «equivocado» de un diputado del PP de Extremadura, me pareció oír que ahí también pararon la votación. Si estoy en lo cierto, ¿no es una asombrosa casualidad?

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