El esplendor de la Corte medieval de Castilla. Las fiestas de coronación de Alfonso XI. 1332


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En otro artículo conocimos la figura del rey Alfonso XI de Castilla y León. (1310-1350), uno de los más importantes monarcas de la España medieval. Gran guerrero, es recordado sobretodo por haber derrotado a los musulmanes de Marruecos en la gran batalla de El Salado, junto al Estrecho, en 1340. Fortaleció el poder real frente a la nobleza y su vida personal y amorosa, como vimos, marcó decisivamente toda la futura historia de España.

Alfonso XI fue un monarca también preocupado por la cultura y en coherencia con toda esta trayectoria fue un rey que se sintió muy identificado con los ideales de la Caballería medieval europea. Fue un prototipo de rey enérgico frente a las ambiciones de la nobleza pero al mismo tiempo también fue un convencido de la superioridad de los valores caballerescos y nobiliarios. Tanto que creó una Orden de Caballería donde solo estuviesen representados los mejores caballeros de la España medieval. Se llamó la Orden de la Banda, por la banda que llevaban sus miembros en la parte superior de sus vestiduras y de su armadura.

Todo este gusto por el boato y la solemnidad caballeresca del rey quedó patente en las fiestas por su coronación que tuvieron lugar en Burgos en 1332 que fueron absolutamente fastuosas y cuya fama alcanzó toda Europa.

La Crónica de Alfonso XI dice ”Porque este rey era muy noble de cuerpo ( es decir, fuerte y apuesto) tuvo por bien de recibir la honra de su coronación et otrosí honra de caballería. Ca avía voluntad de hacer mucho por honrar la corona de sus regnos”. Es decir que al mismo tiempo que fue coronado solemnemente fue también armado caballero con idéntica solemnidad ya que tenía la voluntad- y lo demostró con hechos- de llevar a cabo   grandes hazañas militares.

Las fiestas de la coronación de Alfonso XI fueron solemnes y espléndidas. Los caballeros vestían, según las Crónicas pieles de armiño, lucían espadas con adornos de oro y plata y vestían los mejores paños fabricados en toda Europa. No en vano Burgos era la ciudad comercial más importante del reino de Castilla (y lo sería durante siglos) acostumbrada a recibir las mejores mercancías de Europa. Los atuendos de las damas eran igualmente fastuosos con sedas delicadas y vestidos de vivos colores. Asistieron un gran número de caballeros ingleses, franceses y alemanes que como veremos justaron en un gran número de torneos con los caballeros castellanos en lo que fue una especie de campeonato internacional.

Previamente Alfonso XI acudió a Santiago de Compostela, donde oyó Misa, veló armas y se hizo dar el abrazo o “pescozada” por la imagen del apóstol Santiago. Las fiestas de su coronación, en Burgos, han sido comparadas por algunos historiadores con el fasto oriental de las Mil y Una Noches, lo que demuestra que, a pesar de la tradicional sobriedad castellana hubo momentos, – como también más adelante, en el siglo XV-  donde la Corte de Castilla alcanzó un esplendor comparable al de las más solemnes fiestas cortesanas de Francia o el Sacro Imperio. En ellos se reflejaba también la influencia de la leyenda Artúrica, que ya estaba ampliamente difundida y cuyos protagonistas eran ya figuras bien conocidas en los círculos cultos y cortesanos de toda Europa.

En el momento de su coronación el rey llevaba paños bordados de oro y plata adornados con rubíes, zafiros y esmeraldas y calzas o medias doradas, según las Crónicas Su caballo llevaba vestiduras cubiertas de oro y plata, y su silla de montar tenía también partes de oro.

Tras la coronación siguieron las fiestas y banquetes y después llegó el esperado momento del inicio de los torneos entre los caballeros castellanos y los extranjeros, entre los que el mismo Alfonso XI, siempre aficionado a la guerra, también participó como un caballero castellano más. Los torneos tuvieron lugar en Burgos y también posteriormente en Valladolid. Además el rey armó a otros casi 120 caballeros más en otra solemne ceremonia, para su nueva Orden de la Banda. De hecho durante todo su reinado el rey se preocupó de que hubiesen “torneos et poniendo tablas redondas et justando”. Es decir que se llevaron a cabo numerosos torneos, a los que el rey era muy aficionado, ya que consideraba que era la mejor forma de tener a la nobleza militarmente entrenada para la guerra contra los moros. Toda la indumentaria de los caballeros y las armas que recibía al ser armado como tal tenían un importante significado simbólico cuya explicación detallada será motivo para otro artículo.

RAFAEL MARÍA MOLINA.

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