Carta de un ‘mosso d’esquadra’: “Como cualquier catalán, estoy sometido a la presión del ‘procés'”


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Soy funcionario de la Generalitat desde hace 20 años y no soy independentista, existen otros como yo, sobrevivimos como una especie en extinción. Nos llaman colonos, invasores o fascistas solo por pensar diferente. Nuestra realidad es dura.

Como cualquier otro catalán estamos sometidos a la presión del procés 365 días al año, 24 horas al día, pero a un nivel mucho más intenso. Los edificios donde trabajamos están repletos de “adornos” políticos. Si eres independentista puedes expresarlo libremente e incluso dedicar parte de la jornada laboral a adornar con tus símbolos políticos tu puesto de trabajo, si piensas diferente no te está permitido. No todos tenemos los mismos derechos.

En los edificios de la administración no debería exhibirse simbología política de ningún tipo, especialmente en aquellos destinados a los servicios públicos más esenciales como educación, sanidad o protección civil. Cómo se debe sentir un ciudadano que acude a un edificio de la Generalitat para hacer cualquier gestión y se encuentra rodeado de símbolos contrarios a sus ideas políticas? En el mejor de los casos incómodo, en el peor rechazado. Y desde luego indignado o molesto.

Pues bien, así es como nos sentimos también muchos funcionarios de la Generalitat. El derecho a la libertad de expresión en la administración catalana es patrimonio exclusivo de unos que lo ejercen en régimen de monopolio. A los que pensamos diferente no se nos permite, cuánto duraría una bandera o cualquier símbolo contrario al independentismo en un edificio de la Generalitat?

Tampoco es agradable sentirse señalado o marginado, pero lo peor es saber que tus legítimas expectativas de mejora profesional se pueden ver perjudicadas gravemente. El sistema de selección para ocupar la mayoría de puestos de trabajo de responsabilidad y dirección es el de libre designación, el “a dedo” de toda la vida. Antes los requisitos que debía cumplir el candidato eran los propios del típico pelota, reír los chistes al jefe, invitarle al café, fumarse el piti con él, ser del mismo equipo de fútbol y no llevarle la contraria. Ahora el requisito esencial es la afinidad política, ser independentista y cuanto más mejor. Por todo ello impera la ley del silencio entre los que pensamos diferente. Triste pero cierto.

Publicada en El Periódico

Un comentario

  1. Pues si, así es. Un pedazo de…vivir en Cataluña. Ya se que siempre hay aquel que diu: i per que no t’en vas? Donç perque he nacido aquí, trabajo y pago mis impuestos…y porque si me quedo defenderé tus intereses y hasta tu Libertad aunque tú no defiendas la mia…y permitas que los políticos hagan leyes que me impidan ser libre e igual a ti.

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