Decepcionante Cayetana


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La antigua sede del Archivo de la Corona de Aragón parecía un lugar especialmente oportuno para tratar sobre cómo recomponer relaciones de afecto después del desgarrador conflicto separatista que se vivió hace apenas un año. El Reino de Aragón mantuvo unidos en armonía a gentes y territorios de lenguas, leyes y usos distintos.

Y la conferenciante del ciclo “Pensar la Historia: homenaje a John Elliott” Cayetana Álvarez de Toledo, por cuyas venas corre sangre de reyes de las Españas, y discípula del eximio hispanista, cuyos trabajos acerca de la España moderna no han sido superados en el ámbito anglosajón, parecía la persona más adecuada para tratar de lo que significó la idea imperial de la monarquía habsbúrgica que nos dio la unidad, la grandeza y la universalidad. Pero no fue así.

No que a la oradora le faltase inteligencia ni siquiera cierta brillantez oratoria, sino que se ha casado con unos postulados que no recomponen y en cambio disuelven.

A lo largo de toda la exposición no faltaron las referencias elogiosas a las ideologías norteamericanas libertarias (“de derechas” se entiende ¡Hasta ahí podíamos llegar!), sin darse cuenta de que esas también son fruto del subjetivismo que engendraría el Romanticismo y el nacionalismo, cuyas funestas consecuencias -esas sí- deplora.

El nacionalismo, como exaltación de las particularidades de un pueblo enfrentado a otros pueblos, es ideología de la modernidad. Y es una ideología incentivadora del odio y alta y trágicamente destructora. Contra ella resistieron los Habsburgo hasta la Primera Guerra mundial.

Cataluña y las otras tierras de las Españas se fundieron en la monarquía y después en la unidad superior que fue la Hispanidad. Es precisamente este concepto de hispanidad, contra el que tanto combaten materialistas de ambos signos, el que debería volver a ser explicado, conocido y amado. Sólo así se revitalizaría la unidad efectiva y afectiva

Pero, ¿Cuál es la solución que propuso la conferenciante? ¡Combatir las identidades! Y es que para ella tan malo es el nacionalismo catalán como el nacionalismo de VOX. Afirma que al “nacionalismo español” de Franco siguió el “nacionalismo de las regiones”. ¿Solución? Suprimir identidades. Cuando lo que resultaría más natural sería “sumar identidades”. En el caso concreto: ser “muy español” y “muy catalán”, porque esas identidades no se excluyen mutuamente. ¿Y por qué no ser muy europeo también, si Europa no significase la pérdida de identidad en aras de una burocracia sin principios morales y sin alma?

Criticar el ser identitario y confundirlo con ser xenófobo es, por parte de Cayetana, un ardid poco honrado. El xenófobo es alguien que odia lo extranjero, porque lo desconoce y le asusta. Es vicio de personas incultas e inseguras. Pero se puede ser perfectamente cosmopolita, súbdito de la Cristiandad, ciudadano de la “República de las letras” ó alumno de la “Universitas” sin por ello desprenderse de la propia identidad, conociendo, amando e integrando varias. Sissi -alumna aventajada de lengua griega, por otra parte- fue adorada en Hungría no porque dejase de ser bávara ó austríaca, sino porque ella amó a Hungría.

No es justo que se confunda a los hooligans xenófobos ebrios de cerveza con políticos de gran talla como Viktor Orban, a quien Cayetana censura. Orban ni teme ni odia a los musulmanes. Sólo quiere que Hungría siga siendo Hungría y juzga que fomentar la natalidad de los húngaros sea mejor para mantener su cultura y modo de vida que traer a personas de otras civilizaciones con altas tasas de fecundidad. Y Matteo Salvini no es un xenófobo que quiera el exterminio de los extranjeros, sino que juzga que la cultura, el bienestar y la convivencia de su país se preservan evitando que cada día desembarquen grupos más y más nutridos de inmigrantes.

El internacionalismo de la izquierda que quiere abolir religiones y patrias para que la masa “explotada” se una frente a la clase “explotadora” y el internacionalismo liberal interesado en el mercado único y el trabajo a bajo coste se confunden en ese personaje siniestro que es George Soros y su Open society.

El hombre en desarraigo, sin patria ni familia ni identidad, más bien confundido en el magma de una única identidad acultural, es un ser profundamente infeliz e infinitamente manipulable tanto por el materialismo marxista colectivista como por el materialismo liberal individualista. Y es que si el nacionalismo es sin duda una enfermedad, el desarraigo, en palabras de Simone Weil, “constituye con mucho la enfermedad más peligrosa de las sociedades humanas”.

Lo que es muy lamentable es que Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta, teniendo linajes más gloriosos a los que remitirse, prefiera ostentar el de “hija de Soros”. ¿O es que quizá querrá mudar su filiación en Liberty Smith, nacida en Kentucky?

Padre Apeles

6 comments

  1. No engaña a nadie, siempre fue una globalista y una defensora de la sociedad abierta de Soros

    Todavía recuerdo su artículo en EL MUNDO en el que decía que Marine Le Pen era igual que Trump y Otegui

  2. Qué se puede esperar de un-una liberal de corte azañista, materialismo, ateísmo, anti hispanismo. Es un gran error seguir de la mano de esos tipos. No queda mas solución que romper los lazos con ellos.

  3. Pues, si. la tia esta ha cambiado el linaje español, serio e hidalgo, por el titulo de hija de Soros. Y no se ha enterado que Soros empieza por P oculta.
    Pobre desgraciada

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