“El nacionalismo también es como Saturno, devora a sus hijos (excepto Pujol)” por Javier Barraycoa


 

 

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“La Revolución es como Saturno, devora a sus propios hijos”. Esta frase se atribuye erróneamente a Robespierre (algunos a Danton), cuando iba camino del cadalso en 1794. Pero posiblemente la sentencia se debe a Pierre Victurnien Vergniaud. En todo caso el contenido de la afirmación se ajusta perfectamente a lo que son los procesos revolucionarios a lo largo de la historia moderna. Danton acabó con el Rey, Robespierre con Danton, Fouché con Robespierre … y para qué seguir.

En el nacionalismo –al menos el que nos toca en el nordeste de la Península- hemos vivido (estamos viviendo) un proceso donde los protagonistas se han ido sucediendo uno de tras de otros, como una obra coral donde los personajes aparecen y desaparecen sin más. Las intrigas palaciegas y cortesanas también se dan entre los revolucionarios republicanos. Como se dice vulgarmente, nadie sabe cómo empezó esto ni cómo acabará. De momento estamos en un “proceso” en modo perpetuum mobile. Ya hemos advertido en otros escritos que el nacionalismo ha conseguido una genialidad: conseguir que el medio –el “procés”- se convierta en un fin en sí mismo. Eso tiene una ventaja, que es garantizarse la perdurabilidad en el tiempo; pero también un inconveniente, hay que echar combustible para que las calderas hagan funcionar el motor. Y ese carburante son los protagonistas del proceso. Una vez han servido a la causa, son ecológicamente reciclados en material desechable y de ellos sólo queda humo a modo de sombra que se borra en el recuerdo de los más entusiastas nacionalistas.

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Pujol y Javier de la Rosa

Sabemos por la prensa que en 2011, la familia Pujol tuvo una trascendental reunión para tapar sus vergüenzas. El lienzo tras el que esconder su misérrima ambición, debía ser la radicalización del nacionalismo. Había que lanzar, esta vez, un órdago al gobierno central más potente de lo habitual. La Madre superiora no podía permitirse perder misales, ni que alguno de sus moséns entraran en prisión. Pero el pulso ya no se iba a echar contra un gobierno, esta vez, y ese fue un error de cálculo, el pulso se lo iban a echar al Estado. El ingenuo que creyó que era posible llegar al país de Nuncajamás ganado el pulso, fue Artur Mas. El “honorable” iba a recorrer una senda de cadáveres –algunos todavía agonizantes- que Pujol había dejado a su paso. La lista es interminable: Desde Javier de la Rosa a Millet y tantos otros … (¿quién se acuerda ya de ellos?), el pujolismo empedró una senda que debían recorrer Artur Mas.

el nacionalismo ha conseguido una genialidad: conseguir que el medio –el “procés”- se convierta en un fin en sí mismo. Eso tiene una ventaja, que es garantizarse la perdurabilidad en el tiempo

El Rey Arturo no entendió nunca la política catalana (cosas de estudiar másteres en Estados Unidos, en lugar de medrar desde las Juventudes de Convergencia). Creyó que su cargo se debía a su carisma y fue incapaz de darse cuenta que había sido elegido por la Madre superiora precisamente por guaperas y manipulable. El destino de los que se creen tener carisma, careciendo de él, siempre es trágico. Incapaz de comprender por qué no seguía sus pasos Duran i Lleida, dinamitó Unió Democrática. Lo que no sabía es que ese era el dique que contenía la marea que le iba a arrastrar a su perdición. Sin el contrapeso democristiano, el ya de por sí putrefacto nacionalismo convergente, alimentado por los votos de las viejecitas catalanistas habituales de las misas en iglesias con campanarios repletos de esteladas, iba a caer en las garras de ERC. Y si Esquerra era insuficiente para guillotinarlo, en el banquillo estaban esperando las CUP.

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Artur Mas y la Madre superiora

Artur Mas, el eterno vencedor en elecciones y el habitual perdedor en investiduras, pensaba que su carisma era la causa de las manifestaciones masivas de los 11 de septiembre. Nunca entendió que la maquinaria de la ANC y el Omnium se movían por otros intereses, y entre ellos las generosísimas subvenciones oficiales. Por eso, nunca llegó a comprender (no se lo explicaron en su MBA en Estados Unidos) por qué la CUP le vetó en la investidura de 2016. Finalmente dio un paso al lado. Lo malo es que al lado estaba el precipicio político. Creía que gobernando el recién inventado PDeCAT, controlaría con su carisma al nacionalismo. Pero el carisma desaparece cuando dejas de ser president de la Generalitat. Buscó un hombre de paja, o si lo prefieren de hojalata: Carles Puigdemont. Pero el tonto de Amer, que era más astutillo de lo esperado, se encargó de bailar una sardana sobre la tumba política de Artur Mas. Con él irían cayendo Joana Ortega, Espadaler, Vila, …. Unos dejaban sus responsabilidades de gobierno, otros las del partido, otros … (¿quién se acuerda ya de ellos?). Hasta incluso el cadáver político de Mas, asediado por la justicia, tuvo que abandonar el efímero partido que fundara.

Pero el carisma desaparece cuando dejas de ser president de la Generalitat. Buscó un hombre de paja, o si lo prefieren de hojalata: Carles Puigdemont. Pero el tonto de Amer, que era más astutillo de lo esperado, se encargó de bailar una sardana sobre la tumba política de Artur Mas.

El mundo independentista radical no iba a ser menos sanguinario: todos los que se lanzaron a la aventura de fundar sus movimientos y partidos fueron cayendo como fruta podrida. La “casa común” del nacionalismo no tiene habitaciones para tantos aspirantes a emular a Companys. Cayeron los Laporta, la monja Forcadas (a la que se le sumó la caída de la cofia), los López Tena, … y tantos otros … (¿quién se acuerda ya de ellos?). En el ámbito de ERC las purgas vienen desde muy antiguo: desde el asalto a Ángel Colom al partido, después depurado por Carod Rovira, este depuradado por Puigcercós, y este cayó en las fauces tremebundas (por grandes) de Junqueras. Y quien sabe si Marta Rovira no se lo mira como Hannibal a sus futuros platos humanos. De aquella época, la única superviviente, y tiene pinta de tener cuerda para largo, ha sido Pilar Rahola. Ella es la gran Musa del nacionalismo, la atenea del soberanismo, la afrodita de los frikis, el útero de los Medios que engendra a los futuros almogávares con rastas, pendientes y bicicletas. La organizadora de orgiásticas paellas, ha visto caer a todos los que salían junto a ella en la famosa foto. Pero como la gran Madre tierra, Gaia, permanece inmutable (sólo cambia de peinados).

la única superviviente, y tiene pinta de tener cuerda para largo, ha sido Pilar Rahola. Ella es la gran Musa del nacionalismo, la atenea del soberanismo, la afrodita de los frikis, el útero de los Medios que engendra a los futuros almogávares con rastas, pendientes y bicicletas.

Pero la carnicería prosigue sin ella. Puigdemont, creyéndose un Harry Potter invencible, decidió desafiar los peligrosos mares del independentismo. Y si se había convertido en un maestro de conspiración, no podía sospechar que iba a catar la misma medicina que Artur Mas. Cuatro diputadillos de las CUP tienen el poder de vetarlo y obligarle a abandonar su preciada acta de diputado regional; y con él ha de caer Comín, el nieto de carlistas, que se aferraba a su acta escondido y abandonado por su partido (ERC) en Bruselas. Trapero caerá, será una de las ofrendas que el nacionalismo debe realizar ante el altar de la Patria, para salvar el control sobre los Mossos de Escuadra. Y los cupaires ya se meriendan así mismos como costumbre autóctona. La diosa y musa del peinado a hachazos, ha caído en desgracia. Baños, David Fernández, y otros … (¿quién se acuerda ya de ellos?), caerán en las guerras fratricidas que se están gestando en el seno de la CUP.

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Carod Rovira y Puicercós

Y si por fin se inviste a un nuevo president de la Generalitat, no se preocupen, la carnicería continuará. Será más sangrienta o más sutil, pero el proceso seguirá construyendo un camino decorado de esperpénticos cadáveres que en pocos años pasarán al olvido de la conciencia colectiva. Como describía Freud en Totem y Tabú, sólo el gran macho fundador (¿Pujol?) a pesar de haber sido sacrificado, mantiene su omnipresencia sembrando la culpa y el remordimiento sobre sus seguidores asesinos. Habéis matado el pujolismo, y vuestra condena es que nunca conseguiréis lo que yo hubiera conseguido (si fuera eterno), debe pensar Pujol aferrado a su bastón; un bastón de anciano que no entrará en la cárcel, pero que en su mente lo imagina como el bastón de mando del nacionalismo. Su consuelo es que verá Cataluña destruida, pero a cambio nadie la sobrevivirá en esta historia interminable.

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