La vida es un espectáculo y nosotros formamos parte de él.   Guy Debord

 

Los catalanes somos un pueblo bien dotado para el espectáculo colectivo. La Fura del Baus y Els Comediants fueron en su momento un excelente ejemplo de plasticidad estética admirados en todo el orbe. Desde los Juegos Olímpicos de Barcelona’92, mientras la burguesía convergente deslocalizaba empresas y escaqueaba sus comisiones en paraísos fiscales, a millones de catalanes solo nos dejaron ejercer de figurantes y, como tales, nunca acostumbramos a  salir en los créditos de la historia local.

Lo de ayer fue una perfomance bien calculada donde las urnas chinas, Mossos llorones y golpes de porra sabidos, son la foto, el selfie y el vídeo que los guionistas del separatismo estaban buscando como agua de mayo. De todo ello se nutre la narrativa separatista de Puigdemont y su claca de pelotillas bien recolocados. Esta es otra manera de fabricar zombies patrioteros que aunque nos cuesta a los catalanes el cierre de hospitales y servicios básicos, son unos estupendos de alfombra roja. Eso sí, destacar el meritorio papel de la turba, siempre dispuesta a inmolarse por sus señoritos perfumados que situados en la retaguardia y frente las pantallas LED comentan la moviola engulliendo finos canapés y cava espumoso. ¡Estamos resistiendo!

Conocidos los resultados del “chiste-referéndum” organizado por la casta, destacar que los “otros catalanes” que no se han dejado timar tras cuarenta años de campaña electoral perpetua han demostrado tener mayor cordura que los salvapatrias de TV3 y la hutu Mònica Terribas, nuestro Orson Welles de provincias. Otra chistosa que nos cuesta un ojo de la cara, vomitando veneno a diario contra España y los españoles, sin morder nunca la mano de su amo.

Ayer el generalato golpista buscaba un muerto, o media docena, porque las películas de sang i fetge venden más. Lástima que nuestros golpistas habituales se han encontrado con un referéndum a la búlgara que, atufando a pucherazo, a estas horas no es ni chicha ni limoná. Ahora solo nos queda prepararnos para que Puigdemont en proceso de lignificación y subido al balcón de la Generalitat, nos deleite con puñado de instantáneas históricas irrepetibles a precio de saldo.

Qué álbum tan apretado vamos a confeccionar.

Sandra Ventura