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He de confesar que estoy deseando que me llamen a una mesa electoral del Butifarrendum; pues el “tarat” del Turull, ha afirmado que multarán a los que no acudan a la mesa si es llamado. He de reconocer que me encantaría ser el primer preso político de la República Catalana. No sé, me hace ilusión.

Era sencillo prever que la “revolució dels somriures” (la revolución de las sonrisas) acabaría en amenazas de totalitarismo.

Este “prucés” es tan surrealista que he dado de baja la televisión de pago. La realidad es petante. Y esto promete durar mucho, mucho tiempo.