jugueteria

Nos invade la tristeza al comprobar como las tiendas tradicionales de toda la vida, deliciosamente añejas, rebosantes de historia y solera, son absorbidas por el agujero negro de la modernidad que las fagocita de forma inmisericorde. Con ellas sucumbe una parte de la historia y una parte de la ciudad. La globalización impone las franquicias uniformes que hurtan a las ciudades su personalidad y encanto. Con el cierre de esta juguetería se sepultan los sueños infantiles de una centuria.

Entre los reproches de unos y las réplicas de otros, tuvo lugar el cierre de la centenaria tienda Joguines Foyé, el pequeño universo donde muñecos de hojalata, caballos de cartón, pelotas de playa y osos de peluche comparten estantería.

Susana Ventosa, actual propietaria del local que va ya por la cuarta generación. “No es que la juguetería rechazara ninguna ayuda, es que vinieron a nosotros después de enterarse de que cerrábamos, matiza. Y tras preguntarle por qué echaban el cerrojo, los representantes del distrito y de Barcelona Activa le sugirieron que “quizá una persona más joven, con más impulso” podría reactivar la tienda, explica Ventosa.

Su propietaria, que dice “llevar el negocio en las venas”, no puede evitar reírse al contar que la idea que le proponían “tres lumbreras” para salvar su negocio era que “además de mantenerme a mí y a mi familia, también mantenga a un nuevo empleado”. “Si cierro es precisamente porque estoy cansada de trabajar para pagar los gastos de mantener abierto el establecimiento”, añade.  

CONTRA EL TITÁN DE INTERNET

Juguete 1Y es que a diferencia de muchos otros cadáveres que habitan el cementerio de establecimientos singulares que han tenido que bajar la persiana en el barrio del Gòtic, en el caso de la juguetería, su enemigo no es la subida del alquiler. “La venta por Internet es lo que ha matado el negocio”, cuenta Ventosa, que asegura que “por mucho que en la tienda tengas las últimas novedades, comprar on-line es más cómodo y práctico y siempre encontrarás todo tipo de ofertas”.

En este David contra Goliat, Ventosa no ha tenido ningún apoyo de la administración. Por eso recuerda que pese a que el Ayuntamiento se haya querido colgar la medalla de “proteger a los establecimientos emblemáticos”, una catalogación en la que se incluye su local, en la práctica esto no se traduce en ningún tipo de prestación o beneficio. “De hecho, implica que si quieres remodelar tu local tienes que consultarles a ellos y te tienen que dar permiso”, comenta. Y en su caso, reformar un establecimiento de más de 200 metros cuadrados sin ayuda económica es prácticamente imposible.

ENTRE CLÁSICOS Y MODERNOS

Hace un año que tomó la difícil decisión de cerrar un establecimiento que inauguró su propia familia hace ya 112. Ahora le toca ‘deshacerse’ de todo el stock que acumulan sus pasillos y estanterías, que no es poco. Entre ellos, auténticas reliquias que harían babear a más de un coleccionista o caer la lagrimilla a los más nostálgicos como sus cajas de música, muñecas de porcelana o coches de lata.

Artículos más clásicos que han sabido combinar con los juguetes de moda, recuerda la propietaria. “Nuestro problema no ha sido no saber adaptarnos a lo que se lleva en el sector, porque siempre lo hemos hecho, es que no podemos competir con Internet”, reitera.

La propietaria de Joguines Foyé no es la única que se debate entre seguir abriendo a pesar de acumular pérdidas o retirarse ante los números rojos. “En el barrio hay muchas tiendas en una situación similar a la mía y muchas de ellas también desconfían del Ayuntamiento”, comenta Ventosa. “Quizá deberían empezar a preguntarse qué están haciendo mal”, remata.