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Fuente: www.eldiario.es

Convergència, el gran partido nacionalista, es hoy una estructura casi vacía y sin actividad. En mayo de 2016 sus militantes votaron constituir un nuevo partido. Poco después aparecía el Partit Demòcrata Europeu Català (PDECat). Casi un año después de aquella operación varios síntomas indican que la operación fue un fracaso. He aquí siete claves:

1- Perspectivas electorales

Convergència ha venido hundiéndose durante los últimos cinco años, desde las elecciones de 2012 en las que CiU perdió 12 escaños. El barómetro político del CEO no ha detectado ningún cambio en la tendencia de voto tras la refundación de Convergència en el PDECat. El pasado marzo el PDECat obtenía un 5% de intención directa de voto en el Parlament, cuando en junio pasado Convergència se situaba en el 8,9%.

2- Número de militantes

El Partit Demòcrata Europeu Català cuenta, según sus propias fuentes, con 13.000 militantes. La cifra no es lejana a la de 15.000 con la que Convergència, una vez limpiado su antiguo censo, inició la refundación del espacio.

Pese a que la cifra no es mala el partido ha necesitado dejarse la piel para que los antiguos militantes de Convergència se registraran en el PDECat. Y ni siquiera así han podido alcanzar la misma cifra. Mucho menos superarla.

3- Carpetazo incompleto al pujolismo

La relación del nuevo PDECat con la familia Pujol ha sido compleja. El partido ha intentado levantar un muro en lo que respecta al caso de la fortuna oculta de los Pujol en Andorra. Sin embargo, ha reivindicado la obra de gobierno de los 23 años de Pujol en la Generalitat, incluso para atacar a sus adversarios.

La semana pasada, sin ir más lejos, la propia Marta Pascal sorprendió cuando salió al paso de las críticas a Pujol del diputado de ERC, Gabriel Rufián. Pascal aprovechó para elogiar los méritos de los gobiernos de Pujol, llegando a asegurar que la política de inmersión lingüística de la que disfrutó Rufián había sido obra del expresident.

4- Juicios por corrupción

Una de las cargas que el PDECat quiso dejar atrás, junto con Pujol, fue la imagen de la corrupción. Convergència, como persona jurídica, tiene varios juicios abiertos por esta cuestión, mientras que ni el PDECat como estructura ni ninguno de sus dirigentes tiene ninguna imputación abierta.

Pero el pasado mes de abril en el juicio por el caso Pretoria se escuchó una llamada que deja a Mas en una posición delicada. En la llamada, mantenida entre Prenafeta y Artur Mas en 2009, el primero traslada al entonces jefe de la oposición que un empresario “controvertido” de Terrassa, del cual no quiere decir el nombre por teléfono, quisiera almorzar con él para “facilitar cosas”. Mas acepta.

5- Nuevos liderazgos

La situación de Mas, debiendo responder por su gestión pasada y a la vez presidiendo un nuevo partido, es una imagen representativa del problema para generar nuevos liderazgos que tiene el PDECat. La presencia de Mas en la cúspide se come la presencia de las nuevas caras, como la de la coordinadora general, Marta Pascal, o del responsable de organización, David Bonvehí. De hecho, Pascal ocupa un lugar mediático que se parece más al de una portavoz en otras formaciones que al de una secretaria general. El resto de la Ejecutiva del partido continúa siendo una absoluta desconocida.

6- Una dirección en permanente discusión

El régimen de incompatibilidades aprobado en la fundación del nuevo partido es especialmente duro y ha generado fricciones importantes. La última, a finales de marzo pasado, cuando un tercio de la cúpula del partido dimitió para cumplir con las normas del partido, que impiden estar en la dirección si se tienen más de dos cargos electos o uno de alto cargo en el Govern. Esta norma, que nació de la idea original de separar a rajatabla las funciones en el partido y en el Govern, ha sido la principal fuente de lucha entre familias en la dirección del PDECat.

7- Incapacidad para seducir a nuevos sectores

Uno de los síntomas más claros del fracaso de la refundación se observa en la incapacidad del PDECat para mantener en su órbita a sectores que antes habían estado bajo el amplio paraguas de Convergència i Unió. El caso más elocuente es el del grupo del PDECat en el Ayuntamiento de Barcelona que, con el cambio de nombre obrado el mes pasado, perdió un concejal. Igualmente los convergentes han entrado en conflicto con todos los partidos independentistas como Reagrupament o tensiones con la propia ERC.