Natividad, o Jaione, o María, sonríe relajada ante la cámara mientras, rodeada de amigos, sujeta el langostino gigante que se va a comer. Se ha labrado una vida de éxito social y laboral en Gante (Bélgica). Habla un francés fluido, cocina platos vanguardistas y sus tapas españolas causan furor. Imparte clases, ha escrito un libro de recetas, sirve caterings en las fiestas de políticos, abogados, artistas y jueces, se codea con rostros conocidos. De su pasado como Pepona habla poco. Sólo se le tuerce el gesto cuando le preguntan por qué no anima a la selección española: «Je ne suis pas espagnole, je suis basque».
disparó por la espalda al teniente coronel Ramón Romeo Rotaeche cuando éste salía de misa en la Basílica de Begoña en Bilbao.
La mujer que presume de mariscada, que ha trabajado durante más de diez años en una famosa brasserie de Gante, que cuelga sus platos favoritos y las fotos de sus fiestas en Facebook, que reclama en change.org que Japón deje de «masacrar» a los delfines, ha cambiado las armas por las sartenes sin pagar peaje. Se llama Natividad Jauregi Espina y es la etarra del ‘comando Vizcaya’ que, cuatro días después de cumplir los 25 años, el 19 de marzo de 1981, disparó por la espalda al teniente coronel Ramón Romeo Rotaeche cuando éste salía de misa en la Basílica de Begoña en Bilbao.
A Pepona, como entonces la llamaban en ETA, se le relaciona con otros cinco asesinatos. Lleva 36 años fugada. Hoy tiene 57, cinco más que el hombre al que abatió en Bilbao y que murió dos días después. También han sido dos los enormes golpes de suerte que la han conducido a una vida placentera, fuera de la cárcel.
Lleva 36 años fugada. Hoy tiene 57, cinco más que el hombre al que abatió en Bilbao y que murió dos días después.
El primero sucedió en Baja California, México. En 2002 la policía detuvo a su compañero de amor y de restaurante, el etarra José Antonio Borde Gaztelumendi, pero no a ella. Fue un error de la Audiencia Nacional, que aseguró que Jauregi no tenía causas pendientes en España.
La fortuna volvió a sonreírle 11 años después, cuando, instalada en Bélgica, la Policía federal, en colaboración con la española y el CNI, llamó a su casa, un primer piso de la avenida Bernard Spaelaan de Gante, la detuvo y la internó en la prisión de Brujas. El Ministerio del Interior aseguró que la Policía española la había localizado allí, donde en realidad no se escondía desde hacía años: centenares de fotos en Internet bajo la identidad de María Sukalde (cocina en euskera), un blog gastronómico, varias cuentas abiertas en redes sociales para encontrar amigos… y un apellido verdadero en su buzón: Jauregi.
Categorías:POLÍTICA

Que pena que no se atragantara de plomo del 9mm
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