Eulàlia apuntaba maneras en la CUP, partido asambleario que en su día también pretendía asaltar los cielos y que, durante la cainita época del procés separatista, mandó a Artur Mas a la papelera de la historia, por no decir a la mierda. Llegó ha ocupar diversos cargos en La Tribu-CUP, una formación anticapitalista que por alguna razón iniciática, gustaba de vestirse a modo de after hours como en la película Sirāt. También destacaron por su obsesión en quemar contenedores de la vía pública, hostigar y lanzar adoquines a la Policía Nacional. Ese sería todo el legado político para la Cataluña posmoderna de los «hijos de los obreros» con conciencia nacionalista-separatista.

Pero Eulàlia escondía un íntimo secreto. Mientras se «inmolaba» frente a los Mossos intentando detener desahucios de catalanes vulnerables a manos de grandes tenedores y fondos buitres, su familia atesoraba una fortuna de 15 millones de euros. Cerca de cuarenta propiedades inmobiliarias en el centro de Barcelona. Casi nada.
Finiquitada su aventura revolucionaria, Eulàlia ha empezado una nueva etapa vital como apoderada de la mercantil inmobiliaria de papá. Dicen fuentes cercanas, que aunque continúa llevando gafas góticas de 800 lucas, ya no se le ve con aquellos ropajes sacados de la Humana en los Consejos de Administración
Para mear y no echar gota.
Arnau Jara
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