María José Ibáñez Rodríguez
El sólo sí es sí, no lo inventó el abstruso Ministerio de Igualdad. El mayor sí de la historia de las civilizaciones lo dio María, en nombre de todas las mujeres. Sí a albergar al Niño Jesús en sus entrañas, sí a ser mujer sin abandonar la protección de la infancia, sí a ser quienes somos.
Ese sí condicionará para siempre nuestra manera de estar en la vida. La fe y esperanza en el futuro nos lanza a la experiencia más difícil de la vida, que es al mismo tiempo nuestro mayor poder y la más grande de las renuncias. El oxímoron vital que constituye la realidad de la mujer y nuestra más misteriosa fortaleza.
Esta interpretación del feminismo actual que pretende defender a la mujer sin darle entidad propia independiente y supedita su esencia a la del varón y a su relación con él, niega nuestro vínculo mucho más directo con la vida.
Y no debe ser así, en todo caso al revés. Sin mujer no hay vida humana. Los hombres lo saben muy bien. Cualquier sistema político que no ponga a la mujer en el eje social fundamental es sencillamente absurdo y destinado al más profundo fracaso económico y existencial.
Se reduciría a simple imposición del poder, ya sea este ejercido por un hombre o por una “mujer”. No se la protege por ser débil, sino por ser importante y albergar en su esencia a la misma existencia.
La perspectiva femenina es la base del desarrollo de la civilización y la cultura, entendida como comunicación interactiva y empática , sin violencia. Nada que ver con la interpretación actual del feminismo que relativiza nuestra identidad respecto al hombre, nos compara, nos enfrenta y rompe el vínculo humano más profundo : la pareja. Un pretendido feminismo que ha sustituido el amor por el sexo y lo ha llamado poliamor cuando en realidad es sólo posesividad, en el mejor de los casos, u odio. Y ahora se ponen las manos a la cabeza porque los crímenes machistas no cesan y porque la juventud está completamente desquiciada y desorientada.
Además de con unas condiciones imposibles económicamente para independizarse de los padres y mucho menos una vida en común
con hijos. Han impuesto unas ideologías que eliminan las raíces de las personas entre nosotras y con la cultura. Es puro machismo.
Al sesgo ideológico mercantilista que impregna este neofeminismo “progre” sólo valora a la mujer cuando toma la espada. Pero el trabajo de ingeniería doméstica para poder asumir alimentación y el cuidado familiar permanece en un segundo plano. En este el hombre debe participar para ocupar el puesto de compañero que le corresponde. Siempre al lado de la mujer, jamás como contrincante enemigo o paradigma. Jugamos en el mismo equipo y el hogar no puede quedar vacío porque, en esta relación sana, sí nos va la vida: la nuestra y la de nuestros hijos.
Por tanto estos grupos que se hacen llamar feministas no tienen nada que enseñar y sí mucho, mucho que aprender. ¡Niñas del mundo creced, por favor! Convertios en mujeres, poneos derechitas y decid sí.
Categorías:CORRECCIÓN POLÍTICA
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