Todos para Pedro y una pedrada para todos


Axel Seib

Me disculparán por ser algo más visceral de lo habitual, pero las fechas navideñas no han hecho gran efecto en mi ánimo respecto al gobierno.

Llevamos unas semanas intensas en las que cada poco tiempo hay alguna nueva trama corrupta, presunta trama corrupta, supuestos casos de abusos sexuales y/o nuevos detenidos. Un show lamentable por el que mucho menos, cualquier gobierno estaría dimitiendo y pidiendo disculpas sin poder mirarnos a los ojos. Pero ese no es el estilo de nuestro gobierno. Pedro Sánchez desaparece unos días, pensando en si escribir una carta a la ciudadanía o hacer una rueda de prensa para decir que la culpa es de la derecha. Debió quedarse sin papel. Optó por la segunda opción.

Hay que reconocer que el presidente del gobierno es una persona creativa. Lo de generalizar los presuntos casos de abusos sexuales en su partido a escala social para tapar sus vergüenzas, lo veíamos venir todos. Es una táctica muy sudada. Pero creo que nadie esperaba que fuera a utilizar dichos casos en su partido para obligar a tener un buzón para esos casos en otros partidos y en empresas. Aunque lo de copiar y aplicar lo de meter dichas denuncias en un cajón hasta que todo explote, no parece que lo quiera exportar. Una vez más, una crisis en el partido de Pedro Sánchez, hace que el gobierno exija a los demás que paguen por sus pecados. Faltaría más.

En su fulgurante proceso de colonización del estado, ya ha pasado de creer que cualquier institución del estado es suya y de sus amigos, a creer que los problemas de su partido son los problemas de España. Cosa que es parcialmente cierta, pero no como él cree. Actualmente es evidente que el PSOE es un problema para España, pero los problemas que tiene el PSOE internamente poco o nada tienen que ver con los problemas que tenemos los españoles. Pero como digo, parece que ya no ve ninguna diferencia entre el partido, el gobierno, el estado y la Nación.

Cualquier día descubriremos que en todos los domicilios españoles, ya no es que hayan desconocidos empadronados de forma irregular, es que tendremos empadronado a Pedro Sánchez. Cada uno de nosotros tendrá empadronado en nuestro hogar a un pequeño Pedro Sánchez para sentirnos más cercanos a él. Un estrafalario ángel de la guarda que nos protegerá de la extrema derecha y de que nos toquen el culo. De que entren en nuestra casa unos okupas, ya menos. Pero lo importante es que sepamos que él está ahí para nosotros. Y ahora con un nuevo bono de transporte bajo el brazo. Es como San Nicolás pero con tus impuestos. Aunque, vistas las circunstancias, no está la cosa para que un niño -ni nadie- se siente en sus rodillas.

Pero a pesar de toda la mofa que pueda hacer sobre un gobierno deplorable y desastroso, hay que plantearse algo central en la cuestión. Y la pregunta principal es:

¿En qué punto toda la corrupción, mentira, traición y ansia de poder comenzará a pesar más que el miedo a la oposición? Porque al final, Pedro Sánchez no está tan tranquilo en su pedestal de tiranorzuelo por méritos propios. Si, le echa jeta, pero sigue ahí porque sus socios están atrapados entre la basura de su gobierno y el miedo a un gobierno de derechas. El temor a la oposición les hace apoyar y mantener en el poder a un gobierno que hiede. Ciertamente, no quisiera estar en su piel, debe ser muy desagradable estar sosteniendo en sus hombros algo que no hace más que excretar inmoralidad y cortinas de humo. No hay ambientador lo suficientemente intenso que tape esa cloaca. Únicamente hombros muy firmes de minorías parlamentarias que parecen disponer de pinzas para la nariz suficientes.

Resisten por miedo a «la derecha». ¿Pero es realmente cierto? ¿Temen a la derecha o temen el tremendo tortazo electoral para el que muchos ya vamos con carrerilla? Es lo mismo, efectivamente, pero suena diferente. Y la cuestión es que no pueden revelar abiertamente su pavor a la voluntad popular y a las urnas. Es la historia de siempre, se llenan la boca de soberanía, de defender los intereses de «la gente» y mucho blablablá,  pero las elecciones únicamente les gustan si sacan algo de ellas. Y en este caso solo perderían.  Así que prefieren mantener su influencia todo lo que puedan. Corrupción, inmoralidad, indecencia y voluntad popular para ellos son únicamente dardos que lanzar cuando no gobiernan. Pero una vez tocan las mieles del poder, ya podría embadurnarse el presidente del gobierno en aceite de coco y salir en paños menores por la Gran Vía gritando «¡Mohamed VI me ha pagado la paga extra de Ramadán!» y seguirían con pavor a la oposición. Si, con cara de malos y de rebeldes, pero con Pedro Sánchez tatuado en el pecho. En conclusión, viendo la situación actual, no parece que los responsables de que el gobierno siga ahí, impasible y regalando caramelos para calmar los ánimos, vayan a poner solución. Ya podemos prepararnos para Febrero, porque, con suerte, recibiremos una carta en San Valentín. Pedro Sánchez nos quiere muchos y solo tiene ojos para nosotros. No conoce a ninguna Begoña.



Categorías:OPINIÓN, POLÍTICA, TRIBUNA

1 respuesta

  1. Mientras los ciudadanos y partidos que no son de la dictadura del proletariado, estén calladitos y sin salir a manifestarse (salvo los manifestantes de las 8 de la tarde en Ferraz) lo tenemos difícil.

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