Rafael Molina
El año 1150 marcó un hito en la historia de Cataluña y España, con la boda entre la princesa Petronila de Aragón y el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, integrando el condado barcelonés al reino de Aragón. Aunque se sostiene que Ramón Berenguer fue un rey en todo menos en el título, la historiografía moderna, representada por el medievalista aragonés Antonio Ubieto, desafía esta noción, argumentando que la unión consolidó la Casa de Aragón y no estableció un reino de Cataluña. La discusión histórica sobre esta fusión sigue siendo controvertida, evidenciando tensiones en la interpretación de eventos cruciales y sus efectos en la identidad territorial.

1150 fue un año clave en la historia de Cataluña y en la de España. La boda de la princesa Petronila de Aragón y el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV implicó la unión del condado más importante de Cataluña con el reino de Aragón, lo que supuso la incardinación definitiva de Cataluña dentro del conjunto hispánico. No obstante, hay que aclarar que el concepto Cataluña todavía no existía oficialmente (la primera vez que aparece esta palabra es en un poema italiano a principios del siglo XII)
Pero¿que significado tuvo esta boda? ¿Se convirtió el conde Ramón Berenguer en rey de Aragón y por así decirlo, se apodera de Aragón? o más bien al contrario Barcelona y por extensión Cataluña quedaron subordinadas al reino de Aragón? De hecho la unión entre el reino de Aragón y el condado de Barcelona dio origen a la Corona de Aragón (no a una hipotética Corona de Cataluña).
De hecho no será hasta el siglo XIV bajo el reinado de Pedro IV de Aragón cuando aparezca oficialmente la expresión Principado de Cataluña (hasta entonces se había hablado de Principado de Barcelona o condado de Barcelona). Sin olvidar que hasta el tratado de Corbeil, a mediados del siglo XIII no se rompe el vasallaje oficial del condado de Barcelona con la corona francesa y que Ramón Berenguer IV fue vasallo de Alfonso VII de León, quien se proclamó «Imperator totus Hispaniae».
Huelga decir que los autores próximos al catalanismo siempre han defendido la primera opción. Para ellos, por ejemplo Rovira i Virgili o Ferrán Soldevila y los posteriores, Ramón Berenguer fue un rey en todo menos en el nombre y Cataluña un reino en todo menos en el nombre también, que había puesto bajo su control a Aragón. Por eso manejarán el concepto ficticio de «Confederación Catalano aragonesa» para soslayar el para ellos incómodo hecho de que Barcelona y Cataluña nunca tuvieron condición de Reino, mientras sí lo eran Aragón, y posteriormente incluso Valencia y Mallorca.
En paralelo existe el hecho de que Ramón Berenguer IV a pesar de su boda con Petronila, nunca se tituló rey de Aragón. Autores como Soldevila, visiblemente incómodos con que Cataluña nunca fuese reino, explican esta circunstancia y que Ramón Berenguer no se titulase rey porque según ellos no lo necesitaba ya que siendo conde de Barcelona era supuestamente ya rey de hecho aunque no tuviese el título real.
La historiografía catalanista, con la ayuda de los autores «progresistas» españoles (siempre proclives a partir del siglo XX al «plurinacionalismo» de España), más o menos, había conseguido establecer un paradigma dominante en la mayor parte de la historiografía española sobre este tema, pero a partir de la década de 1980 todo empezó a cambiar al surgir una nueva generación de historiadores aragoneses que cuestionaron esta visión.
El más importante de ellos fue el gran historiador medievalista aragonés y catedrático Antonio Ubieto, quien ya había demostrado las manipulaciones documentales del archivero catalán Bofarull en el siglo XIX en el Archivo de la Corona de Aragón al respecto de la conquista de Valencia por Jaime I, lo que le costó por cierto a Ubieto el sufrir una fuerte campaña catalanista en contra.
Ubieto, autor de diversas historias de España, de Aragón y de Valencia, recordó la figura legal del derecho foral aragonés del llamado «matrimonio en casa» o «casamiento en casa», una institución consuetudinaria aragonesa por la que el cónyuge varón se une a la familia de la mujer y pasa a formar parte de ella. La unión entre Petronila y Ramóne Berenguer habría tenido lugar bajo este régimen jurídico, lo que explicaría que el conde no adoptase título de rey porque la reina de Aragón era Petronila y que el hijo de ambos Alfonso II tomase el título de rey de Aragón pero no convirtiese en reino a Cataluña.
Según Ubieto y otros historiadores aragoneses, seguidos por la mayor parte de la historiografía española actual, de hecho se extingue entonces la «Casa de Barcelona», o «Casal de Barcelona» , la dinastía condal barcelonesa porque se funde con la aragonesa y no en el siglo XV con la muerte de Martín el Humano, dando paso a la dinastía castellana de los Trastamara. En todo caso se podrá hablar a partir de 1150 de «Casa de Aragón Barcelona», no de Barcelona Aragón y menos de Barcelona a secas. Esto ha producido un gran cabreo a los historiadores subvencionados de la Cataluña oficial actual, algunos de los actuales sitúan a Ubieto al mismo nivel que el llamado «Institut de la Nova historia», en el libro que titularon «Pseudo historia contra Catalunya».
Pero la realidad es que no han podido desmentir documentalmente las tesis de Ubieto.
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