Axel Seib

Debo decir que el detonante del presente artículo es el vídeo que circuló de un tren de los Cercanías de Barcelona. Quizás lo hayan visto los lectores. Una carterista es interceptada por los grupos de voluntarios que se dedican a prevenir crímenes. Porque la policía autonómica parece ocupada mirando al techo. Y ante tal acción, una pasajera se pone a cuestionar a los héroes e intenta que la carterista salga impune. Algo demasiado frecuente y que ya muchos conocemos. Gente averiada que se ensaña con los buenos y defiende a los criminales. Y aclaro que no voy a tratar de su discurso, porque no dispongo de un diccionario necio-español.
En todas las épocas y lugares han habido colaboracionistas. Parece que la humanidad cambia, pero ése tipo de gente es la que más cambia. Es un perfil que siempre se pone del lado de la superioridad moral infundada. Hoy es gente esperpéntica que justifica a carteristas de forma rídícula y sobreactuada, pero han pasado por todo tipo de trajes. Han sido conversos, musulmanes, cristianos viejos, comuneros, imperiales, afrancesados, patriotas, carlistas, liberales, socialistas, comunistas, anarquistas, fascistas, nacionales, socialdemócratas, contra la OTAN, a favor, homófobos. queer, feministas, antirracistas o cualquier otro que fuese oportuno. Es la gente que pasaría por todos los estados de la materia y en todos ellos serían el dedo señalador del hipócrita con etiqueta nueva. Son larvas que están permanentemente mutando a crisálida. Pero su estado más conocido es el de capullo. Y en ese estado apareció en un tren.
Pero más allá de tratarlo como un proceso de adaptación al que se someten los miembros más débiles de voluntad de nuestras sociedades, me interesa buscar explicaciones alternativas. Merece la pena buscar alguna explicación para tales comportamientos en gente que, a priori, van sueltos por la calle.
La posibilidad del relativismo moral no me suele convencer. Lo reduce todo a que gente sin referencias morales tiene conductas absurdas. Y aunque no se supiera qué es el bien y el mal, dudo que alguien mostrara tal nivel de arrogancia y de convencimiento fanático ante una situación en que hasta un tonto podría ver lo correcto y lo incorrecto.
Dudo que se deba al relativismo moral. Porque tener que explicar que robar, agredir o matar son conductas negativas, quizás exceda enormemente a un mero «no tengo las referencias claras». Y cuando no se tienen referencias morales, no se utilizan falacias y suposiciones peregrinas sobre el estatus socioeconómico del criminal para justificarlo.
Porque, por otro lado, incluso una persona no muy avispada puede entender que también podríamos pensar en el estatus socioeconómico de la victima. Cosa más razonable. Especialmente porque los criminales se ceban con las clases humildes. Cualquiera diría que cuesta mucho entender que una carterista profesional que forma parte de una red criminal no roba a los «típicos ricos» que viajan en Cercanías. Es un parásito que atenta contra el poco bienestar que le queda a la gente humilde.

No solamente tenemos que ir como sardinas en trenes nefastos e ineficaces, que también tenemos que soportar a ladrones, drogadictos y bandas. Y, como guinda, la loca del tren. Al final, parece que todo tren en Barcelona debe constar de carteristas, yonquis entre los vagones, el de la música con altavoces, una pandilla que se ha colado y se dedica a merodear y, por último, un bobo que les defienda si atacan a un inocente. Como digo, la teoría de que una actitud causada por el relativismo moral, no me convence. Así que vamos a otra.
También podríamos tratar esa actitud tan ridícula e histriónica como síntoma de una decrepitud moral consolidada pero que aspira a caer aún más. Quizás haya gente que considere dicha actitud de tonto altivo como algún tipo de virtud moral elevada y un estado superior de la bondad humana. Y podría ser cierto si aceptásemos que un estado superior de la bondad humana se redujera a un empacho de bobadas con forma de eslogan. La mujer del tren de Barcelona que defendía a una carterista, así lo debe creer. Debe creer que su palabrería e inquina hacia los auténticos héroes, es algún tipo de virtud a favor de los desfavorecidos. Pero no es el caso. Ni jamás debe serlo. Bondad humana es lo que lleva gente a combatir el crimen para proteger a sus iguales ante la pasividad del estado y los gritos de los imbéciles. Proferir graznidos de urraca con anemia neuronal y buscar desesperadamente defender a un criminal, no es ningún tipo de virtud moral. Puede ser decrepitud moral. Individuos débiles y ruines que ante el decaimiento del orden y la convivencia pacífica basada en valores, se embadurnan del lodo de la excrecencia social. Individuos que, además de flojos, son mezquinos. No les vale con seguir y promover la degeneración social. También te intentan vender que hacen lo contrario. Pero tampoco me convencen.
Aunque la posibilidad para explicar ésos comportamientos que más me convence, es la siguiente.
Se trata de individuos ruines y básicos, pero con algún tipo de inquina y odio hacia los demás. Individuos que ven un serio problema en el castigo a los criminales porque sienten miedo. ¿Y por qué alguien sentiría miedo de que se castigue a los criminales? Lógicamente, porque se entiende en la misma categoría. Nadie honrado se siente apelado si yo señalo a los narcotraficantes como enemigos a combatir. Si llamo a Juan, sería raro que se girase Pedro.
Es la misma teoría que ya he mostrado alguna vez, pero tratando del estado. Cuando un estado tiene «flojera» para castigar a asesinos y violadores, pero se ensaña con quién se defiende de aquéllos, no es casualidad, es complicidad. Del mismo modo, cuando una señorita hace su histérica aparición para defender a una carterista con antecedentes y que, probablemente, tampoco había pagado billete, no será por mero consumo de sustancias. No es descartable, pero es poco probable. La más pura lógica nos dice que la «empatía» de ese tipo de persona poco hecha respecto a los criminales, es mucho más cercana a una defensa gremial que una virtud moral. Es una actitud de hooligan, seamos claros. Únicamente un forofo de un equipo de fútbol se pone tan agresivo si cuestionan a su jugador favorito.

Así que, bajo mi opinión y experiencia, hay que entender que hay capas de la población que sienten una afinidad por los criminales porque parecen compartir la misma idiosincrasia. Quizás ellos no roben o maten, pero no se entienden en un espacio moral diferente. Se ven a sí mismos en la misma inmoralidad y ausencia de valores, así que cuando defienden a un carterista, se están defendiendo a si mismos. Y, cuando se entiende ésto, del mismo modo que la negación de auxilio es delito y el encubrimiento también, ésas personitas también deberían formar parte de una categoría criminal. Si se entienden como lo mismo y buscan la impunidad de los criminales, son cómplices. O aliades, si se prefiere.
Porque la carterista reincidente que se cuela en el tren para robarle a nuestra abuela merece la cárcel. Y la tonta del bote que se pone a defender a dicha criminal, una bonita multa que vaya completamente dirigida a sufragar la sanidad y educación de la que tanto hablan. Así sabrán lo bien que sienta que te quiten el dinero del bolsillo para nada.
Categorías:DECADENCIA OCCIDENTAL, TRIBUNA
Són gente cobarde que se manifestan de parte de los criminales, porque es la forma de que esos criminales les vean como de los suyos y no les ataquen a ellos.
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Me llamó la atención que también dijo » a mi lo que me molesta es que me toquen»…
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Un ejemplo del hundimiento moral de España, que ya es Expaña, no cabe ninguna duda, y que costará mucho, incluyendo sangre y lágrimas, recuperar. Expaña aun no está lo suficientemente podrida para reaccionar, para volver a ser España. ¿Reaccionará? Eso espero, pero…
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