Axel Seib

En las presentes fechas, me gustaría tener otras palabras. Nunca es plato de buen gusto tener que escribir durante unas fiestas para advertir de los peligros que nos acechan en nuestras propias calles. Pero me veo obligado por honor y responsabilidad a comentar ciertas dinámicas que se están consolidando.
Adelanto que no me podría tratar a mí mismo como a un católico practicante. Pero soy muy consciente de lo que soy por cultura y, en profundidad, de todo el camino histórico que ha llevado a que mi identidad, guste o no, sea católica. Imposible entender la hispanidad sin el elemento católico.
Los españoles, por mucho mequetrefe que haya exagerando elementos extraños que quieren que aceptemos como propios e intentando borrar nuestro verdadero eje identitario, no son otra cosa que católicos romanos de la península ibérica. Junto a los portugueses.
Dicho esto, todo aquel que se cree las milongas de la imborrable y definitoria huella del islamismo en el carácter español, ya se ha largado de este artículo. Así podemos hablar en confianza y entre personas razonables.
El vídeo de aquel «joven» quitando una imagen de la Virgen recientemente, no es casualidad. Y mucho menos es casualidad aquel otro «joven» lanzando agua en una procesión en Málaga. Del mismo modo, ningún otro ataque contra imágenes, ritos, símbolos y edificios católicos, son casualidad. No diré que formen parte de una elaborada estrategia contra el catolicismo por parte de un contubernio mahometano. Ni mucho menos. Es otra cosa. No por ello, menos grave.
Son explosiones puntuales de la actitud soberbia y mezquina de una comunidad determinada que está a disgusto en un país culturalmente católico. Es fácil ver que las actitudes de aquellos «casos aislados» son muy repetitivas y siempre van dirigidas a atacar y cuestionar los cimientos religiosos y culturales de la nación. Y si esos «casos aislados» existen, es lógico pensar que forman parte, como digo, de un discurso de odio dentro de dichas comunidades. Y si bien dichas comunidades se mantienen en cierto silencio(que suele ser cómplice), parece que sus sujetos más inestables e indiscretos, enseguida muestran lo que se está organizando dentro de nuestras sociedades.
No me refiero ya a los explícitos ataques contra el catolicismo como los ejemplos de la pancarta o del agua lanzada. Me refiero, también, a la repuesta de muchos miembros de aquella comunidad, que rápidamente salen a defender a esos cafres con comentarios del tipo «no es más que un trozo de madera pintado». Comentario real en redes sociales de otro «joven» ante dicho ataque. Alguien sensato, se callaría. Pero los tontos son legión y suelen hablar demasiado.
Su propia comentario es ridículo y contradictorio. Si realmente fuese, como dice, «un trozo de madera pintado», atacarlo sería síntoma de estar seriamente mermado. Y aquellos que justificasen dicho ataque, tres cuartos de lo mismo. Pero si lo entendemos como lo que es, un ataque contra un símbolo, se evidencia que es un ataque contra nosotros y nuestra identidad. Y que se buscan pretextos peregrinos para justificar dicho ataque.
Aunque tal comentario para justificar un ataque motivado por un claro discurso de odio presente en una comunidad, da mucho jugo. Porque si ser una talla en madera le quita cualquier gravedad al asunto, hay mucha de la misma lógica que aplicar. Por ejemplo, cuando alguien renuncia a ser musulmán, no sería apostatar, serían «solo palabras». Y, por lo tanto, no habría motivo a ejecutar a dicha persona según las escrituras islámicas. Pero dudo que aceptasen dicha lógica en ciertos países. No veo por qué deberíamos aceptar esa falacia en España. Pero si atacar símbolos es solamente “mojar un trozo de madera”, puede que la cadena perpetua sea política de vivienda pública. Y lanzar morcillas sea ofrecer un menú del día.
Pero ese «joven» tuvo un momento más «estelar». Y fue, cuando acribillado de argumentos contra su evidente fanatismo religioso tapado con excusas baratas, salió con un comentario revelador. Afirmó, no miento, que «el cristianismo defiende/permite el incesto». Parece que, una vez más, si a un tonto fanático lo ponen en su sitio, revela aún más su ser.
No hay que ser muy listo, ni siquiera cristiano, para saber que en ninguna parte del Nuevo Testamento hay alguna consideración positiva hacia el incesto. De hecho, los matrimonios consanguineos son condenados por la Iglesia desde la Edad Media. No parece tan así en algunos países con altas tasas de endogamia y que profesan otra fe. Pero algunos quieren invertir la situación.
Por otro lado, si queremos profundizar, en el Antiguo Testamento hay constancia de referencias a relaciones incestuosas. Aunque en ningún caso se toman como una prescripción, son referencias descriptivas. Pero si ello hiciera que el cristianismo “defienda el incesto”, estarían en el mismo saco todas las religiones abrahámicas. Islamismo, lógicamente, más que incluido.
Pero os lo aclaro. Tal comentario sobre el cristianismo por parte de ese otro cafre que intentaba justificar un ataque, no era una mera ocurrencia suya. Ese tipo de comentarios completamente falsos sobre el cristianismo provienen de enseñanzas internas de cierta comunidad en la que se intenta mostrar inmoralidades del cristianismo. Porque lo «inmoral» debe ser combatido. No es extraño en la actualidad, encontrar musulmanes en redes sociales que hablan del cristianismo para difamarlo y erigir el islam como una especie de «salvaguarda moral». Aunque sería interesante que dichos difamadores leyeran la Biblia alguna vez. Porque el problema es que todos su «conocimiento» sobre el cristianismo es prestado. Difícilmente han leído el Corán por si mismos, meno aún han tocado una Biblia. Sus afirmaciones sobre el cristianismo son mentiras que provienen de un integrismo religioso y político que ha acabado en metástasis en dicha comunidad.
Afirmar lo de «el cristianismo defiende/permite el incesto» proviene discursos de autoridades religiosas islámicas. No han salido de la nada. Y ese «joven» no es el único que lo ha escuchado y lo acepta como verdad.
¿Con eso que quiero decir? Primero y más directo, que cuando escuchemos o leamos a algún miembro de dicha confesión haciendo afirmaciones absurdas sobre el cristianismo, nos encontramos ante alguien que ya está contra nosotros. No nuestra conocimiento, muestra el discurso de odio presente en su entorno.
En segundo lugar, que toda difamación contra el cristianismo por parte de esos elementos, si que forma parte de una estrategia. Una estrategia de presentar el cristianismo como inmoral y contra natura. Y a partir de ahí, la consideración hacia nuestra humanidad, ya queda anulada. Cuando alguien dice «el cristianismo permite el incesto», los cristianos, a sus ojos, ya no son seres con derechos. La estrategia es siempre la misma. Difamar y humillar al otro hasta convertirlo en un subhumano. Y, entonces, cualquier ataque está justificado.
Todo eso lo digo como un aviso a navegantes. Hace ya tiempo que tenemos muchos peligros rodeándonos. No se trata de un mamarracho en sandalias lanzando agua. Se trata del discurso imperante en una comunidad. Falso, difamatorio y altamente violento, pero parece que permitido.
Y es cuando veo que nadie quiere enfrentarse a lo que nos acecha, que se me aparece el salmo de mi cruz.
«Juzga, Señor, a quienes nos ofenden; vence a quienes nos combaten.»
Muy buen artículo.
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