
A pocos metros del número 34 de la Avenue de l’Avocat de Waterloo, donde se levanta el chalé de Puigdemont hay una casa un poco más pequeñita que queda justo en la curva. Luce en su balcón una bandera de España. Los propietarios de esta vivienda muestran orgullosos sus orígenes nacionales.
El ex presidente de la Generalitat, sin salir prácticamente de su mansión en la que recibe diariamente a alcaldes, concejales y miembros de los partidos independentistas, tiene que tragarse cada mañana la bandera española, que le recuerda cuál es su verdadera patria.
Los escoltas de los Mossos que le protegen, pese a no contar con el permiso del Ministerio del Interior, también se tienen que chupar los colores nacionales. Igual eso les produce nostalgia y canas de zamparse una paella y un tinto de verano.
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No creo que ello le afecte. Su ceguera es tan profunda que lo considerará hasta como un acicate más para proseguir en su memez sempiterna… Mientras se la paguemos nosotros, tragará sapos y culebras. Imprescindible: acogotar de una vez sus ingresos, vengan de quien vengan. Y se acaba perro y rabia,,,
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Es lo que tiene Motxo PigDemont. Eres un prófugo, un fugado de la justicia, un huído, un cobarde. Y un mierda.
Te morirás siendo ESPAÑOL.
Y lo sabes.
Payaso
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