cer1

Fue una santa barcelonesa de la Orden Mercedaria de mediados del siglo XIII. Llevó una vida muy austera y entregada a los pobres pese a acomodado origen. Pertenecía a la noble estirpe de los Cervelló, que había participado con heroismo en la reconquista de Cataluña y Valencia. Su familia tenía muchos honores, así como posesiones. Sus padres fueron Guillem y Ana María, ambos nobles y de vida cristiana ejemplar. Tras varios años sin poder tener hijos, la madre acudió a San Pedro Nolasco para que intercediese y sus ruegos fueron eficaces. El 1 de diciembre de 1230, en la casa familia de la calle Montcada, nació una niña a la que llamaron María, en honor a la Santísima Virgen. Fue bautizada el 8 de diciembre, día de la Purísima Concepción, en la parroquia de Santa María del Mar, concretamente en el primitivo sepulcro de Santa Eulalia, que servía como pila bautismal.

cer3La joven María, fue educada en la piedad, la caridad y la modestia siendo admiración de todos los vecinos por su virtud y pureza. Lejos de los juegos de otras niñas era muy recogida y reflexiva y sólo tenía gusto en las cosas de Dios. Muy pronto conoció a San Pedro Nolasco y a los primeros mercedarios y tras la muerte de sus padres se vio libre de ataduras para entregarse a Dios.

Pidió el hábito blanco de la Merced, y el 25 de mayo de 1265 emitió su profesión religiosa como hermana de la Orden de la Merced, que vivían cerca del monasterio de los Mercedarios y que dedicaban sus vidas a la oración y a las buenas obras, bajo la dirección del Beato Bernardo de Corbera. En poco tiempo María fue elegida como la primera superiora de la orden. Su vida fue ejemplar. Ayunaba tres días a la semana, y los demás solo comía verduras. Tanta fue su caridad, que comenzaron a llamarla “María del Socorro”, por su excelente trato a los enfermos. Usaba permanentemente cilicio, dormía en el suelo. Su oración y presencia de Dios eran permanentes Varias veces fue vista en éxtasis ante el Sacramento o en su celda.

Sabida es de su intercesión constante por los frailes que iban a tierras de moros, y tan ardiente era, que más de una vez los salvó con su oración de innumerables peligros. Gozó del donde la bilocación: se le vio sobrevolando los barcos, o caminando sobre las aguas protegiéndoles trazando la señal de la cruz, mientras que a la misma hora estaba absorta en la oración, en su monasterio. Además, sanó a varios enfermos, tenía don de conciencias, predijo en más de una ocasión el fruto de expediciones mercedarias, etc. Fue amante de las Sagradas Escrituras, leyéndolas constantemente, así como otras obras espirituales. Escribió a varios prelados y religiosos de su tiempo.

cer4.jpgCon sesenta años conoció por revelación de que pronto iría al Cielo. Redobló sus oraciones, penitencias y obras piadosas. A inicios de septiembre tuvo un desvanecimiento y fue llevada a la enfermería. Allí se encomendaba todos los días a la Santísima Virgen, hacía profesión de fe y renovaba sus votos. Aconsejaba a las religiosas, les daba ejemplos y ejercitaba su obediencia y paciencia para con todas. El día 19 pidió le leyeran la Pasión y Muerte del Señor, consolándose en ella. Mientras, la gente se arremolinaba en torno al convento y en las iglesias se ofrecían oraciones por la santa madre María del Socorro. Al término de la Pasión, expiró dulcemente y un silencio triste se extendió por toda la ciudad, roto por el júbilo de las campanas, que solas repicaron, anunciando la entrada gozosa en el cielo de María y confirmando lo que todos creían ya: que era una santa.

Era el 19 de septiembre de 1290. Sus restos incorruptos fueron sepultados en la iglesia de los frailes mercedarios de Barcelona, hoy Basílica de la Merced.

Su culto, que comenzó inmediatamente después de su muerte, fue aprobado por el papa Inocencio XII en el año 1692. Se le invoca especialmente como patrona de los navegantes para evitar naufragios y por lo general se le representa con una embarcación en una de sus manos, prometiendo trabajar por la redención de cautivos.