«¿Espanyaensroba?»: El arancel catalán – Introducción I


Presentamos, por partes, un reportaje sobre el debatido tema de los Aranceles que los gobiernos de Madrid impusieron y permitieron el crecimiento económico de Cataluña sin precedentes.

ANTECEDENTES (I)

La industria textil fue la primera en alcanzar un rápido crecimiento en los procesos de la revolución industrial europea. La sustitución de materias primas tradicionales, seda y lana, por el algodón, abarata los costes de producción, lo que permite el gran consumo de las masas y, de esta forma, aprovechar las economías de escala. Desde 1745-1750 se desarrolla en Cataluña una industria textil que tiene su origen en la acumulación de capitales en la agricultura.

El comercio colonial de la Monarquía Hispánica, especialmente Cataluña y que abarcaba toda Hispanoamérica, permitió entrar en una etapa de crecimiento.

El comercio colonial de la Monarquía Hispánica, especialmente Cataluña y que abarcaba toda Hispanoamérica, islas Filipinas, Marianas, Carolinas, Guam, Palao y otras de menor entidad, permitió entrar en una etapa de crecimiento basado en las ventas a Ultramar de vinos, aguardientes y textiles. Antes de 1820 el azúcar cubano se convirtió en el flete de retorno de los barcos catalanes (la piratería hacía desaconsejable repatriar oro y monedas) y de aquí se pasó al comercio de esclavos que sobrevivió hasta 1860, mucho después de que se declarase ilegal el tráfico negrero.

En el siglo XIX los aranceles proteccionistas establecidos por el Gobierno de España permitieron el despegue de la industria catalana

En el siglo XIX los aranceles proteccionistas establecidos por el Gobierno de España permitieron el despegue de la industria catalana

Barcelona se convertiría además en centro de reexpedición de mercancías, tanto hacia el interior de la península como hacia el Mediterráneo, aprovechando la complementaridad de los mercados de importación de cereales y de exportación de coloniales. Sin embargo, con la prohibición de importar granos se destruye este modelo comercial y después de 1820 el comercio se reorienta, parcialmente, al tráfico triguero con el interior, compitiendo con el puerto de Santander, pero, sobre todo, al algodón que se convertirá en el primer producto comerciado entre 1830 y los primeros años de la década de los cuarenta. Las recesiones vinieron marcadas por las dificultades de comerciar durante las guerras con Inglaterra y por la destrucción de fábricas que significaron, primero, la invasión napoleónica (1808-1814) y, después, la Primera Guerra Carlista (1833-1839) y la epidemia de cólera de 1833-34. Las fases de crecimiento estuvieron marcadas por la puesta en cultivo de las tierras desamortizadas (manos muertas), especialmente durante la década moderada (1844-1854).

Barcelona se convertiría además en centro de reexpedición de mercancías, tanto hacia el interior de la península como hacia el Mediterráneo

Posteriormente este crecimiento se desacelera durante otra epidemia de cólera de 1854-56 y el período de hambruna de 1856-57. Los años de la Revolución Industrial de Cataluña son los comprendidos entre 1841-57. Hacia 1869 la industria textil ya había superado la crisis, disfrutando un período de crecimiento hasta que la Primera Guerra Mundial que generalizada de sobreproducción obligó a la reserva del mercado cubano, como medio de defensa a la competencia extranjera. En 1874 se van a rectificar algunos “excesos democráticos” de la Revolución Gloriosa con la Restauración borbónica de Cánovas del Castillo, ante el peligro que suponen los movimientos populares enardecidos por la crisis económica, en especial los obreros de Cataluña. Pero la independencia de Cuba en 1898 obliga al textil catalán a entrar en la vía nacionalista del capitalismo español que marca la vuelta al mercado interior protegido por el Arancel de 1892 (Cánovas), cuyos derechos se incrementan en un 20%.

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Colonia Textil en Cataluña.

El textil, a pesar de su temprano desarrollo en Cataluña, no consigue dar un impulso decisivo para lograr un desarrollo industrial sostenido. La crisis agrícola y pecuaria de fin de siglo va a significar una desaceleración de la producción algodonera catalana y la situación se agravará cuando el tratado comercial con Francia en 1882 permita las importaciones de textiles como contrapartida de las exportaciones de vino durante la filoxera. A finales de siglo, todos los indicios apuntan hacia un textil algodonero que ha perdido la frontera del cambio técnico, continuamente desplazada por los países exportadores, y especialmente por Inglaterra, y esto a pesar de que la mayoría de los telares se importaron de ese país. Después de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas la situación de falta de competitividad internacional no pudo superarse por la diferencia de costes, las dificultades para dar créditos a los clientes y “las propias disensiones de los industriales del ramo”. La mala situación duró hasta el paréntesis de recuperación que supuso la Primera Guerra Mundial. La falta de competitividad de la industria española se puso de manifiesto en la incapacidad de generar una oferta de bienes de equipo ni siquiera para cubrir la demanda nacional.

Pero la independencia de Cuba en 1898 obliga al textil catalán a entrar en la vía nacionalista del capitalismo español que marca la vuelta al mercado interior protegido por el Arancel de 1892

La agricultura comercial había experimentado un desarrollo  durante el siglo XVIII. Durante el siglo XIX, la nueva situación le prestó nuevos ímpetus, pues las propiedades recién compradas carecían del apego sentimental de los mayorazgos familiares. Los compradores no eran los señores feudales de los señoríos, sino inversores que procuraban beneficios. Querían productos que pudieran vender en el mercado nacional o en el extranjero; trigo, aceite de oliva, jamón y lana. Un nuevo arancel en 1825, que evitó eficazmente la entrada de cereales del extranjero, les ayudó, porque forzaba a las regiones costeras a comprar el trigo castellano. En 1836, los liberales abolieron la Mesta, cuyos privilegios habían sido atacados durante el siglo XVIII. La cría de ovejas continuó siendo una actividad importante, animada por la expansión de la industria de la lana de Cataluña. En las sierras centrales existían importantes rebaños, mientras que en el oeste las ovejas continuaban su trashumancia entre norte y sur. El largo bache económico sufrido llegó a su fin después de 1840 favorecido por la paz interna de Narváez (1800-1868). Los fabricantes catalanes introdujeron el vapor como fuente de energía  y la nueva maquinaria de hilado y tejido. Se crearon modernas fábricas textiles en Barcelona y en otras ciudades más pequeñas de Cataluña, que concentraron a un número creciente de trabajadores en un menor número de factorías.

En 1847 había 97.000 trabajadores en la industria del algodón, en 1860, unos 125.000. Cataluña hizo de España la cuarta nación del mundo en la manufactura del algodón, después de Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Habiendo perdido su mercado en América, la industria local de la seda no adoptó la nueva maquinaria y fue incapaz de superar la competencia de Francia. La oligarquía agrícola del centro y sur tenía unos intereses diferentes a los de la élite industrial del norte y este. Surgió entonces, en 1851, un problema con el arancel. Los productores agrícolas se beneficiarían del libre comercio que les ayudaría a exportar sus productos a Inglaterra y otros países industrializados, mientras, por el contrario, las nacientes industrias vascas y catalanas necesitaban protección. En 1845 (reinado de Isabel II), el ministerio moderado propuso abandonar el rígido sistema proteccionista heredado del Antiguo Régimen. Los fabricantes catalanes pusieron el grito en el cielo consiguiendo una concesión en 1849.

Fábrica catalana (1929). Durante los siglos XIX y XX los industriales catalanes consiguieron que el Estado impusiera fuertes aranceles a las importaciones.

Fábrica catalana (1929). Durante los siglos XIX y XX los industriales catalanes consiguieron que el Estado impusiera fuertes aranceles a las importaciones.

Desde entonces, aun cuando no se prohibió ningún artículo concreto, los fabricantes nacionales estuvieron protegidos con altos aranceles. El compromiso mantuvo a los industriales catalanes contentos con el nuevo orden, pero comenzaron a desconfiar de los agricultores castellanos. En 1866 (gobierno de Narváez), España vio empeorada su situación económica, porque era parte de una depresión económica general de Europa, provocada por la escasez de algodón bruto en los Estados Unidos durante su Guerra Civil. Las fábricas de algodón catalanas se encontraban paradas, y se interrumpió la entrada de capital extranjero. Los trabajadores comenzaron a impacientarse, y los demócratas obtuvieron apoyo en Barcelona y entre los agricultores pobres de Andalucía, perjudicados por las pérdidas de las tierras comunes. Durante la época del general Juan Prim (1814-1870), los progresistas fortalecieron inadvertidamente las tendencias descentralizadoras de Cataluña. Basados en la doctrina del liberalismo económico y llevado por un deseo de reavivar la economía nacional a través de la exportación de productos alimenticios y minerales, se redujeron los aranceles. No hacían sino seguir al resto de Europa que se inclinaba desde 1846 hacia el libre comercio y, especialmente, desde 1860.

Por José Alberto Cepas Palanca

Publicado en Alertadigital.



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