Tras el fatídico accidente aéreo que sacudió Europa hace dos semanas. Se han celebrado muchos homenajes a las víctimas. En uno de ellos, los operativos de rescate portaban banderas de los países a las que pertenecían las víctimas. Como es lógico aparecía la bandera española pero ninguna catalana. A pesar de que el avión había partido de Barcelona.
Si yo fuera Mas me preguntaría dónde está mi «embajador» en Francia. Al menos que se gane el sueldo y vaya a estos actos con una banderita separatista. Aunque sea de «estrangis». Hará el ridículo, pero justificará los millones que los catalanes invertimos en él.
El caso es que el separatismo sigue siendo una quimera incomprensible para Europa.
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