Nazis en Barcelona (3)


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Colegio alemán en Barcelona

Con Hellermann y Leistert, la tela de araña nazi se extendió rápidamente por todo el país. Si en noviembre de 1934 existían 25 grupos locales del Partido en la Península, dos años más tarde ya eran 163, según un documento de fecha 6 de julio de 1936. En Cataluña había 21 repartidos entre las siguientes poblaciones: Barcelona, Bellaterra, Cornellà del Llobregat, Gavà, Montcada i Reixac, Navàs, Sallent, Santa Coloma de Gramanet, Terrassa, Balsareny, Castellà del Vallès, Espulgues del Llobregat, El Masnou, Premià de Mar, Sant Cugat del Vallès, Súria, Tortosa, Flix, Sant feliu de Guíxols, Palafrugell i Palamós. En estas poblaciones, sobre todo en Barcelona, los nazis implantaron un establishment social, económico y cultural. En la capital catalana, los más adinerados se reunían en un club elitista, el Verein Germania, con sede en el Hotel Titz. Esta sociedad, formada por poderosos banqueros y empresarios, estaba presidida por Fritz Rueggeberg, un hombre de negocios establecido en el barrio de la Bosanova y que disponía de una cuenta bancaria de muchos números en el Banco Alemán Trasatlántico de la plaça de Catalunya. Las clases acomodadas, antes de cenar en el Ritz, solían pasarse por el Budapest, un salón de te en la parte alta de la ciudad, mientras que los alemanes con menos posibilidades disponían de establecimientos muy concurridos como la cervecería Gambrinus, en la Rambla, donde se servía charcutería de Baviera, o en el restaurante Zum Zillertal, en la calle Provença, 228, donde se podía disfrutar de una buena ración de costilla de cerdo ahumada y acompañada de xucrut. También disponían de dos centros asistenciales, el Deutscher Hilfsverein (Caja de Socorro Alemana), dirigida en 1933 por un pastor evangélico llamado Olbricht, el cual profetizaba por la ciudad que el régimen hitleriano era un regalo de Dios, i la Asociación de Ayuda Alemana, convertida en una organización nacionalsocialista, la Volkswohlffahrt, después de haber sido expulsado su director, Kart Tallin, que era judío. También había una asociación cultural hispanoalemana, en la calle Aribau, que sufrió la destrucción de todos los libros que no interesaban al Partido cuando en 1933 quedó en manos de la Deutsche Studentenschaff (Asociación Alemana de Estudiantes). En antiguo director, Oscar Stettines, también judío, fue inevitablemente depurado.

Y los hijos de los alemanes iban al Colegio Alemán del número 2 de la calle Moià, entre la Diagonal y la calle Tuset. Con Hitler en el poder, la escuela se convertiría en un centro de adoctrinamiento nacionalsocialista, como ya vaticinaba en 1933, su director, el doctor Rolf Seyfang: “El desplazamiento de los objetivos de la formación y la simplificación de los modelos de escuelas que se está intentando en este momento en Alemania, implicará para nosotros, aquí en Barcelona, algunos cambios. Aún no se ha llevado a cabo la regulación definitiva del sistema escolar, pero no obstante, una cosa ya es segura: que el alemán, la historia, la biología y la formación corporal serán fundamentalmente los puntos centrales”. En el aspecto religioso, al lado de la escuela estaba ubicada la parroquia de la comunidad evangelista alemana, que a partir de septiembre de 1934 dirigió con mano de hierro Georg Gründler, de Hamburgo, quien, antes de llegar a Barcelona, había enviado una circular: “Además de hacer las funciones espirituales, celebraría muchísimo poder colaborar con la educación nacional de la juventud alemana de aquella ciudad [Barcelona] y especialmente entre la juventud hitleriana […] Heil Hitler!”.

Aunque tampoco estaban autorizados por el Gobierno de la República, los jóvenes cachorros nacionalsocialistas desarrollaron sus actividades bajo la dirección de Kart Supprian y del profesor de deportes del Colegio Alemán Hans Stammberger, por el cual las JH habían de encargarse “especialmente en el extranjero de la educación de la juventud para formar la mentalidad alemana para que pudieran ser luchadores nacionalsocialistas”. Las niñas también estaban encuadradas en la Agrupación de las Chicas Alemanas, un organismo dirigido por Lotte Vennewitz, que en el verano de 1935 organizó un encuentro en los alrededores de Barcelona con el fin de “estrechar las relaciones entre todas las chicas que tienen el honor de poder colaborar en nuestra tarea a favor de Alemania en España”.



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