Picasso, Barcelona y los toros


«Corrida de toros” (1900). Museo Cau Ferrat, Sitges (Barcelona).

 

Tras iniciar su período de formación en escuelas de arte de La Coruña y Barcelona -ciudades donde la familia fue fijando su residencia-, Pablo Ruiz Picasso lo dio por terminado en 1898, después de su fugaz paso por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. No había cumplido los diecisiete años y estaba convencido de que no aprendería nada nuevo allí. Es esa una etapa de su carrera en la que, dentro del rigor academicista que le impone su formación, ya se aprecia que despunta un artista de gran calidad e incipiente madurez. Pero ese mismo rigor de las escuelas de arte le aparta de la temática taurina. Su estancia en Horta de Sant Joan hasta finales de 1898 será determinante en su carrera. Allí, liberado del yugo academicista, su pintura adquiere libertad de trazo, pincelada, luminosidad y temas. En 1899 regresa a Barcelona y se integra en la vanguardia modernista catalana, cuyo punto de contacto es la taberna Els Quatre Gats.

La vida bohemia le confiere a Picasso libertad en la elección de temas, y su afición taurina surge de nuevo en su obra, como ocurre en el caso de Corrida de Toros (1900). Un pastel en el que la luz del Sol lo desborda todo, dando vida a una escena en la que al fondo, sólo al fondo y difuminada, aparece la muerte: un toro negro, herido pero aún con vida, contempla a un caballo blanco que yace muerto en la arena. Aún se trata de una composición taurina que se ajusta a una escena real, pero en el cuadro, además de un estilo que se aleja del academicismo, ya surgen elementos que más tarde configurarán parte de las iconografías taurinas picassianas: la luz que da vida, el toro negro que embiste y el caballo blanco que sufre la muerte.



Categorías:CULTURA

1 respuesta

  1. aun sigue esa pintura en el museo me gustaría saber

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