Quim (co)Torra ha actuado durante años como un agitador dedicado a alimentar el odio contra los españoles. Y muy especialmente contra los millones de catalanes que tienen el español como lengua materna y no comulgan con el independentismo.
Al igual que Sabino Arana y el ideólogo del nazismo Alfred Rosenberg, en estos artículos Torra se muestra como un racista que recurre a la genética para hallar el hecho diferencial de los catalanes.
(Co)Torra publicó el 19 de diciembre de 2012 en un diario independentista subvencionado por la Generalitat un artículo titulado La lengua y las bestias. Narraba una anécdota aparentemente real: en un vuelo de Swiss Air procedente de Zurich, un viajero se quejó a la compañía porque la azafata había dirigido al pasaje unas palabras en catalán. A partir de esta anécdota, el candidato a la Presidencia de la Generalitat llegó a la siguiente conclusión: los catalanes que hablan español son “bestias que viven, mueren y se multiplican“.
En su artículo, lo explicó con estas palabras: “Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeras, víboras, hienas. Bestias con forma humana, que destilan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con verdín, contra todo lo que representa la lengua”.
“Están aquí, entre nosotros”, añadió, “les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay alguna cosa freudiana en en estas bestias. O un pequeño estremecimiento en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos! Viven en un país del que desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia”.
Y remató sus reflexiones con estas palabras: “Se pasean impermeables a cualquier acontecimiento que represente el hecho catalán. Les crea urticaria. Les rebota todo lo que no sea español y en castellano. Tienen nombres y apellidos, las bestias. Todos conocemos a algunas. Abundan, las bestias. Viven, mueren y se multiplican”.
Quim Torra se confiesa admirador de los pensadores del nacionalismo del siglo XIX que, como en el caso de Sabino Arana, hunden sus raíces en un racismo supremacista.
Pobre Torra, esperemos que alguien se atreva a decirle que no es ario: está gordo, calvo, es feo, o sea, como la media de los españoles de su edad que tanto odia