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El presidente del Tribunal Constitucional (TC), Francisco Pérez de los Cobos, ha reconocido recientemente durante su discurso de despedida de este puesto -cesa tras tomar posesión los cuatro nuevos magistrados designados por el Senado- que problemas como “el llamado proceso soberanista” catalán “no pueden ser resueltos” por este órgano y que, “por desgracia”, esto es lo que ha ocurrido con las resoluciones dictadas desde que en marzo de 2014 se acordó anular la declaración por el derecho a decidir que había sido aprobada por el Parlamento catalán.

Parece mentira queridos amigos que tenga que ser el ex presidente del TC, quien tenga que llamar a capítulo al pusilánime y poco audaz gobierno de la Nación, cuya actitud, repetitiva hasta la nausea, viene produciéndose desde el origen de todo este “conflicto”.

Han mirado hacia otra parte tras múltiples sentencias favorables a un mayor uso del castellano en las escuelas, como correspondería a un idioma tan potente como es el de Cervantes, además de ser propio de Cataluña junto con el catalán.

Cuando han surgido convocatorias de referendums, leyes flagrantemente ilegales, se ha recurrido siempre al TC, el cual ha dado siempre la razón al Estado y cuyo grado de cumplimiento ha sido siempre cero.

Ante tal grado de insumisión reiterado, el Magistrado, da la solución al “problema” que podría enquistarse a perpetuidad. La solución al problema no es recurrir sistemáticamente al TC, si no que hay que hacer el uso legítimo de la fuerza que tambien confieren las leyes, véase Guardia Civil, Ejército, etc. Parece que tal uso causa sarpullido al Estado, pero de una vez por todas, hay que hacerse respetar.